Verano de 2016, en una fiesta del PCE a nivel regional el Secretario Politico de la Juventud Comunista de dicha región expresaba en su discurso la necesidad de rearmarnos frente a la derrota electoral que acabábamos de sufrir. Unidos Podemos, por fin la unidad tras tantos intentos, sobrepasaba en las encuestas el PSOE. La triste realidad fue que el PSOE permaneció como segunda fuerza política y las esperanzas de victoria electoral se convirtieron en una profunda desafección hacia la política entre las clases populares y en concreto entre los muchos cuadros políticos surgidos al calor de las movilizaciones de los 5 años anteriores. Sin embargo la intervención, nada alejada de la consigna de “movilización y organización” propia del espacio comunista en nuestro país, fue vagamente criticada por el entonces Secretario General del PCE. La frase, pronunciada en el fondo del escenario tras el aplauso, fue algo así como ”no estoy de acuerdo con ese análisis, no hemos sido derrotados”. Tras el comentario era su turno. Un discurso de resistencia, de resistir en las instituciones, de no haber sido borrados del mapa, de haber logrado los mejores resultados electorales en la historia de la democracia.

Pero qué es lo que revela esta pequeña anécdota. En primer lugar que no hay que perder de vista las condiciones subjetivas de las masas, hablando en terminología marxista clásica. Los cuadros, los elementos avanzados de las clases populares creían, creímos muchos también entre las filas del Partido y la Juventud, que íbamos a lograr la victoria electoral; alcanzar esa tan necesaria posición en lo parlamentario, que si bien no nos daba el poder nos daba una herramienta gigantesca para generar contradicciones. Y el ánimo de las masas se veía, en las caras de los apoderados, en las redes sociales, incluso en pintadas de “pucherazo” que aparecieron al día siguiente.

En segundo lugar no hay que mentir. Si parece una derrota, la gente lo percibe como derrota, los medios te lo dan como derrota, tras aquello baja en picado la movilización y conciencia, nos guste más o nos guste menos o le nombremos como queramos es claramente una derrota. Es una derrota táctica el que ante una ofensiva y estando dispuestos a avanzar no lo consigas y te quedes con unas condiciones para luchar mucho peores que las existentes previamente.

Necesitamos creernos lo que decimos y como es necesaria la ruptura del régimen del 78 actuemos respecto a eso y no sobre el “socialliberalismo para hoy, fascismo para mañana”.

 

Todo esto viene ante el nuevo tsunami electoral del presente año 2019. Y todo esto no quiere decir que no vayamos a las elecciones simple y sencillamente porque la gran parte de las clases populares siguen confiando en la validez de esta democracia parlamentaria.

Todo esto viene a que seamos inteligentes, no salgamos a la campaña electoral como salimos en 2016, ni como salimos con los gatetes y con el culto al líder ni como salimos con ánimos de vencer con Unidas Podemos. Salgamos como una batalla que hay que dar pero que no vamos a ganar. Como en una guerra asimétrica en la que no siempre hay que ir con todo y a por todo. En la que probablemente el tridente de la derecha logre la mayoría como resultado del avance en lo social de ideas conservadoras y reaccionarias.

La lectura no puede ser “frenar a la derecha”, o acabaremos apoyando al PSOE con Cs como mal menor. Analizar la política a través de la lucha de clases y no a través de la “izquierda” y la “derecha”. Necesitamos creernos lo que decimos y como es necesaria la ruptura del régimen del 78 actuemos respecto a eso y no sobre el “socialliberalismo para hoy, fascismo para mañana”.

 

Las clases populares se van a abstener y retornara un voto “útil” al PSOE, no nos gusta pero un clima político no se cambia en un mes y medio ni en una campaña electoral. Frente a ello no luchemos de igual a igual por el voto; usemos las elecciones como una herramienta para avanzar en nuestros objetivos estratégicos. Lo tenemos en nuestros documentos, lo hemos debatido en nuestros Congresos: el Régimen del 78 se derriba con la movilización, y para ello organización y conciencia de las clases populares, que genere un Proceso Constituyente hacia la III República. No volvamos a caer en la trampa del electoralismo, recojamos de Lenin también su concepto del poder expresado en “El estado y la revolución” y no solo la unidad de acción y el centralismo democrático.

Debemos reflexionar si llamar a la ofensiva electoral cuando todo está en contra es un acto de valor o más bien un suicidio.

 

Sergio G. militante de la Juventud Comunista.

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