Sacar citas de contexto para justificar tu opinión ya configurada es una práctica extendida y que todo el mundo ha realizado en alguna ocasión. Dentro de esta práctica y, sobre todo en sectores que podemos considerar “de izquierda”, quizás sea Lenin el autor más utilizado para estos comportamientos. Un simple vistazo a cómo se utilizan sus citas y se podrá apreciar como con sus ellas se justifica -o no- la participación en unos u otros sindicatos y en las elecciones burguesas, se defiende -o niega- el derecho de autodeterminación, se alaban -o se critican- los movimientos de masas, etc. Con las elecciones a la vuelta de la esquina quizás el ejemplo más sangrante de cómo se utilizan sus citas sea para justificar esa pantomima abstracta conocida como “la unidad de la izquierda”.

Centrémonos en esto úlitmo y para ello retrocedamos a un lugar de Capri en abril 1908. Justo al momento en concreto en el que se toma la famosa fotografía de Lenin jugando con Bogdanov al ajedrez y Gorky de espectador de lujo.

Para entender la situación hay que remontarse unos meses atrás. Bogdanov, junto a Ernst Mach y Lunacharsky como cabezas más visibles, pertenecía a una corriente conocida como Machismo. Hasta ese momento Bogdanov era conocido por ser un gran camarada de Lenin y por luchar contra el oportunismo de los mencheviques y su gran referente teórico del momento, Plejanov. Es a principios de 1908 cuando la disputa teórica entre Plejanov y los Machistas alcanza su cénit y Lenin entiende que no puede mantenerse más tiempo callado porque se está asociando la teoría de estos últimos con “la filosofía del bolchevismo”. De febrero a octubre de 1908 se encierra entre un montón de literatura de física y da luz a su famoso libro Materialismo y empiriocriticismo donde expone el revisionismo de las ideas de los Machistas y la verdadera solución marxista a los problemas del momento.

Ya desde 1906 habían empezado a aparecer divergencias entre Lenin y Bogdanov, pero es justo este momento donde se intensifica el alejamiento entre ambos. Preocupado por el impacto que tendría esta situación en la unidad del movimiento revolucionario, Gorky -amigo de ambos- intenta reconciliarlos y persuade a Lenin de ir a Capri con ellos. La reconciliación no tuvo lugar y un apenado Gorky acusa a Lenin de estar actuando con orgullo y en vano al no entender el fuerte rechazo de éste a la reconciliación. La respuesta de Lenin es contundente:

‘¿Qué clase de reconciliación puede haber, mi querido Alexei Maximich? Por favor, es ridículo incluso insinuar esto. La batalla es absolutamente inevitable […] De hecho, aquí está el daño, la tragedia, si ni siquiera tú, un gran artista y un hombre inteligente, has entendido todavía en qué tipo de pantano se arrastrarán – arrastrando a otras personas después de ellos -todos estos constructores de dioses, empiro-críticos, empiro-monistas y empiro-simbolistas. ¿Es realmente tan difícil de comprender que detrás de todo el montón de sus frases grandilocuentes se esconde, en todo su esplendor, la terrible figura de la pequeña burguesía internacional con sus «complejo de ideas», nacida de la opresión aburrida del hombre por la naturaleza externa y la represión de clase? ¿De verdad no queda claro que, independientemente de las hermosas palabras que se utilicen para expresar este «complejo de ideas», estaba y sigue estando la más inexpresable vileza, la más vulgar bajeza ideológica, la más peligrosa vileza, la más vulgar «infección»? […]Y quieres persuadirme para que colabore con gente que está predicando tales cosas. Preferiría que me descuartizaran.’ [i]

Lejos de ser una excepción la posición mostrada por Lenin en esta anécdota refleja bien una actitud que siguió a lo largo de toda su vida y cuyo cenit tiene su ejemplo más famoso en la ruptura con la II Internacional al mostrar esta su visión más chovinista aprobando los créditos de guerra en Alemania. Pero, volvamos a la actualidad.

Abril de 2019, el Estado Español se encuentra inmerso en pleno periodo institucional. El auge de la llamada “extrema derecha” tanto parlamentaria -VOX- y extraparlamentaria -los distintos Hogares Sociales-, unidas a la escisión errejonista de Podemos y la negativa de IU Madrid a aceptar el acuerdo impuesto que le hacía Podemos para ir a las elecciones han reabierto el debate sobre la “unidad de la izquierda y su fragmentación”. Debate histórico y recurrente que casualmente se suele reabrir sólo en procesos electorales donde el PSOE piensa que va a necesitar el apoyo de las agrupaciones políticas a su izquierda para poder Gobernar. Quizás la “novedad” de este periodo electoral sea que ahora no es el PSOE el partido que con más vehemencia reclama esa “unidad”, sino que son Podemos -exigiéndosela a IU, e incluso al PSOE- y la propia IU -exigiéndosela a sus bases y sobre todo al Partido Comunista de Madrid- quienes más la reclaman.

Así asistimos a afirmaciones unilaterales y viscerales del estilo “la gente no entenderá que vayamos juntos”, “si no nos unimos ganará el trifachito”, “la izquierda siempre mira sus diferencias y no lo que nos une”, “si vamos juntos mejoraremos las condiciones materiales de la clase obrera”, “estamos fallando a nuestra clase”, “a la clase obrera lo que le importa es mejorar sus condiciones y no nuestras luchas internas”, “no estáis a la altura del momento histórico” o similares. Siempre, claro está, en nombre de una clase obrera, de la que no se acuerdan más que para justificar sus fracasos y miserias.

Esto merece varias consideraciones: i) una infantilización de la clase obrera que no va a ser capaz de entender las grandes diferencias existentes al menos en teoría -Europa, OTAN, ruptura con el régimen del 78, etc. Una vez más vemos un paternalismo que ve en la clase obrera una especie de estómago con patas que no va a entender más allá de cuestiones vitales más inmediatas; ii) Una obsesión por “obtener la mayoría social” que no tiene nada que ver con ser práctico y que tiene que ver mucho con un pensamiento burgués y derrotista que quiere priorizar lo que une -reforma- frente a lo que diferencia -ruptura- obviando así unas contradicciones que tarde o temprano harían saltar cualquier unidad basada en el puro electoralismo y olvidando la construcción de un proyecto político al margen de las instituciones del Estado -creación de Poder Popular; iii) que el parlamento burgués puede crear las condiciones para frenar a la reacción. La historia -y la de este Estado es uno de los ejemplos más claros- nos demuestra que no es así.

Las diferencias entre ambos contextos son grandes, pero si algo podemos aprender de la actitud de Lenin es la de su práctica política. Aprender de Lenin es entender que lo que existe bajo el paraguas de la llamada izquierda en la actualidad son proyectos de clase muy distintos, incluso antagónicos, y que por lo tanto no pueden ni deben ir juntos. Aprender de Lenin es entender que no hay posibilidad de unidad sin ruptura con las posiciones antagónicas en contradicciones principales.

Construir una unidad concreta -y no una basada en consignas abstractas- pasa por una apuesta clara por romper con las estructuras del Régimen del 78 y la Unión Europea, es decir, con la forma que toma el capitalismo español y el imperialismo europeo. Esa, y no otra, es la urgencia del momento.

 

Daniel Gómez militante de la Juventud Comunista.

 


[i]  Evald Ilyenkov – Reflections on Lenin’s book: “Materialism and Empirio-Criticism”. (1979)

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