“La Historia es nuestra y la hacen los pueblos”. Con estas palabras el presidente Salvador Allende cerraba su último discurso al pueblo chileno el 11 de septiembre de 1973 tras sufrir un golpe de Estado dirigido por Augusto Pinochet y fraguado en las cavernas de los Estados Unidos. Al margen del acto terrorista ejercido por parte del ejército chileno y la CIA, esas palabras son muy reveladoras y nos sirven para introducir este texto. La primera parte de la famosa frase: “La Historia es nuestra…” introduce bien este apartado, pero antes de nada habrá que ver qué es la Historia. ¿Algo que ocurrió en el pasado? ¿Una concatenación de acontecimientos que llevan inevitablemente al presente? ¿La interpretación de los propios hechos desde el presente? Sí, la Historia puede que sea todo eso, pero entonces cabe preguntarse ¿Dónde está la clase trabajadora en todo esto? La frase “La Historia la hacen los vencedores” es muy apropiada para responder a esta pregunta: La clase trabajadora está ahí, pero oculta tras un sinfín de batallas, reyes y grandes figuras (masculinas en su enorme mayoría) de la clase dominante.

Entonces ¿Es nuestra la Historia? ¿Fue Allende muy optimista al realizar semejante afirmación? No lo creo, o al menos seguro que no lo fue precipitadamente. La Historia la hacen los vencedores, y en esta enorme lucha (de clases) que es la interpretación de la Historia puede que vayamos perdiendo, y sin embargo no está todo perdido. La Historia lo es desde que existen las clases (y por lo tanto el estado y la escritura), y desde ese preciso momento hemos estado jugando con desventaja y seguiremos jugando con desventaja hasta que fijemos nosotros las normas. Pero esta desventaja no es insalvable, las diferentes experiencias socialistas que han ocurrido a lo largo del siglo XX y XXI lo muestran: Podemos ganar, y más aún, debemos ganar. La Historia puede y debe ser nuestra.

La clase trabajadora está ahí, pero oculta tras un sinfín de batallas, reyes y grandes figuras (masculinas en su enorme mayoría) de la clase dominante.

La última parte de la frase “…y la hacen los pueblos” parece enfrentarse a la de “la hacen los vencedores”, sin embargo no es así. La Historia de manual, la Historia Oficial, si la hacen los vencedores, la Historia que nos oculta y nos olvida, una Historia que no puede ser nuestra. Sin embargo, la Historia científica con el materialismo histórico a la vanguardia de esta demuestra que la clase trabajadora no ha sido un sujeto pasivo en el devenir histórico. Ha sido protagonista de grandes cambios sociales a lo largo de todos los periodos y etapas de la Historia, quizá no revolucionarios, o no todos, pero sí destacables e importantes para nosotros y nuestra Historia. Por tanto sí, la Historia Oficial tiene como protagonistas a sujetos de las clases dominantes de todas las etapas históricas, y sin embargo, quienes mueven esa Historia real y por tanto quienes hacen la Historia, son las clases trabajadoras. Una campesina pobre del siglo XI y un obrero industrial del siglo XIX tienen más en común de lo que parece.

Entonces, ¿La Historia es nuestra? ¿La hacemos nosotros? ¿Qué conclusiones podemos sacar de todo esto? La Historia es otro campo más de la lucha ideológica que libramos a diario contra la burguesía, y frente a su Historia de manual, nosotros debemos plantarnos y no aceptarla como nuestra. Las clases trabajadoras hicieron y siguen haciendo la Historia y no podemos ceder la interpretación a nadie, en la divulgación histórica nos están pegando una autentica paliza solo hace falta ver las ventas de César Vidal. Es una lucha difícil, pues no tenemos ni los medios de difusión ni la hegemonía cultural para conseguirlo a corto o medio plazo. Lo que sí que tenemos son experiencias históricas como los History Workshops[i] solo por poner una. Ya hemos visto que jugamos en desventaja con unas reglas del juego que no son nuestras pero aun así podemos vencer.

 

[i] El historiador Rafael Samuel definió el movimiento como «la creencia de que la historia es o debería ser una empresa colaborativa, en la que el investigador, el archivista, el curador y el maestro, el entusiasta del» hágalo usted mismo «y el historiador local, el las sociedades de historia familiar y el arqueólogo individual, todos deben considerarse como igualmente comprometidos «.

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