Ayer, 21 de enero, fue un día lleno de efemérides.

El 21 de enero de 1918 nacía Marcelino Camacho, una de las principales figuras del sindicalismo en España, un hombre íntegro, sin tacha. También, el mismo día de 1924, fallecía V. I. Lenin, el líder de la revolución bolchevique. Pero en este día, y en este artículo, conmemoramos un tercer hito, esta vez más colectivo y substancial para la historia del movimiento obrero: el centenario de la creación del Partido Comunista de Italia.

El PCI, que se convertiría en una de las organizaciones comunistas con más relevancia y trascendencia en la Europa del siglo XX (con permiso del PCF), tiene en su nacimiento una historia o pauta similar a la que daría nacimiento a muchos otros partidos a lo largo del continente (que, como el de España celebran en torno a 2021 su centenario).

Este origen común es el de la escisión, por parte de la vanguardia de la clase obrera, de los Partidos Socialistas o Socialdemócratas. Los partidos socialdemócratas habrían traicionado pragmática y programáticamente a la clase obrera de sus países y a los proletarios de todos los países del mundo. Lo que dividió al movimiento obrero internacional fue el posicionamiento de muchos de estos partidos a favor de la guerra imperialista (y en contra de los intereses de la clase que en principio representaban, llevándola a la terrible y larga contienda). Posteriormente, el ejemplo soviético y la constitución de la Internacional Comunista serían un punto de referencia para la clase obrera en Europa. La negación de los dirigentes de los Partidos Socialdemócratas de las tesis propuestas por la Internacional para la revolución proletaria a nivel mundial, tendrían como consecuencia la inevitable separación de los Socialistas y los Comunistas. A esta historia común, en el caso de Italia, se añade a la tibieza demostrada por el PSI en el bienio rojo cuando, pese al poder y la influencia alcanzados por los consejos obreros, el PSI se resistió a querer tomar los resortes del Estado, frustrando así la incipiente revolución.

Esta es la historia común del surgimiento de los Partidos Comunistas en cada nación; y es justo reconocer que, en el caso de Italia, su alumbramiento tuvo dos protagonistas: Antonio Gramsci y Amadeo Bordiga. El primero, ha sido muy leído y trabajado por la izquierda española y sus principales aportaciones ya cuentan con un amplio (re)conocimiento, especialmente desde la Fundación de Investigaciones Marxistas (enlace a teoría y práctica en el pensamiento de Gramsci; enlaces a las jornadas celebradas sobre este pensador). El segundo, degeneraría en posturas marginales unos años después de la creación del partido.

Como homenaje a este gran partido y la historia de la clase obrera italiana, hemos decidido traducir por vez primera al castellano y compartir hoy este breve y vibrante manifiesto, del que fuera una de las figuras más importantes de toda la historia del viejo Partido: Palmiro Togliatti.

Fundador en 1919, junto a Gramsci y otros militantes obreros, de L’Ordine Nuovo, periódico de agitación política de los defensores de la estrategia de la Internacional Comunista en Italia. Fue elegido Secretario General en el exilio, tras la reclusión de Gramsci en las cárceles romanas. Desempeñó esta tarea entre 1927 y 1934, durante la clandestinidad y la lucha contra la dictadura fascista (consolidada en 1922 por Mussolini con la Marcha sobre Roma). Recuperó su cargo en 1938 y permanecería en él hasta el año 1964, orientando la estrategia del partido durante la II Guerra Mundial y la transición a la Italia democrática.

Dejó temporalmente su responsabilidad en el PCI en 1934, para tomar otra que conecta íntimamente a este dirigente con la historia de nuestro país. Togliatti sería elegido miembro del secretariado de la Internacional Comunista, siendo el enviado a la Guerra Civil, para supervisar y dirigir en primera línea la política del PCE (centralizada, como la del resto de partidos comunistas, en decisiones alcanzadas colectivamente por la Internacional). Se personifica en el dirigente decisiones difíciles tomadas en este contexto; le acusan de la depuración de las Brigadas Internacionales o del conocido conflicto con el POUM, de dónde viene la leyenda negra en torno a esta figura en España.

De vuelta a Italia, en calidad de Secretario General del PCI participó de importantes debates y difíciles decisiones estratégicas, como la de desarmar a los partisanos para desterrar la posibilidad de una Guerra Civil en Italia (momento inmortalizado en los minutos finales de Novecento). Fue entonces ministro de este país en los primeros compases de la posguerra, y lideró las conquistas sociales y democráticas en el proceso constituyente italiano. A partir de la elaboración de la constitución italiana de 1947, y por presiones estadounidenses, en el conjunto de gobiernos de unidad nacional surgidos de la victoria antifascista (Francia e Italia) se adopta un giro anticomunista, excluyendo a estos Partidos y al conjunto del movimiento obrero de la toma de decisiones y estableciendo una economía liberal de mercado. Nunca los comunistas italianos, pese a sus grandes resultados electorales, lograron gobernar el país.

En estos años olvidados de la historia de Europa, Togliatti, muy querido por la clase obrera italiana, sufrió un atentado. En respuesta se organizó una Huelga General y en un clima prerrevolucionario llamó a la contención para cumplir los objetivos estratégicos de asentamiento de la democracia en Italia, y probablemente, para frenar una posible nueva contienda en suelo europeo. Hablamos de clima prerevolucionario y no es una exageración afirmar que, durante la dirección de Togliatti, en Italia se vivió durante años una coexistencia de poderes. Por una parte el Estado, las grandes corporaciones financieras e industriales y el entorno ideológico y cultural del Vaticano en todo el país. Por otro, un verdadero entramado de poder popular, con las organizaciones obreras y populares administrando en buena medida la vida y las necesidades de la población y con un Partido Comunista realmente organizado, no solo en el ámbito político sino especialmente en el económico, social y cultural.

Sus sucesores, entre los que destaca la personalidad de Berlinguer (más conocido y apreciado por la izquierda europea – de amplio espectro-) apostaron por línea política del compromesso storico. Este viraje progresivo, no descontextualizable del conjunto de debates y aspiraciones frustradas de los años 70, acabaría, tras años de dejación del campo popular y obsesión electoralista, por disolver el propio PCI. Pero eso da para una serie de textos y reflexiones profundas.

En definitiva, olvidado por muchos, poco querido por otros tantos (bien sea por el firme internacionalismo proletario que le llevo a la defensa – y a la crítica leal y fraterna de las propias derivas – de la Unión Soviética, o por ser retorcido después por los teóricos del PCI para el desarrollo del Eurocomunismo) Palmiro Togliatti es una figura esencial de nuestra historia, no solo la del Movimiento Obrero Internacional, sino también de misma historia de España.

Elisa G.

“¿Qué debe ser un Partido Comunista?”

El texto apareció originalmente en el 1º número de “La Rinascitá”, revista teórica del PCI, en junio de 1944. (Traducción: Miguel M.)

Ninguna ideología política puede ser realizada sin un partido que sea capaz de trasladarla a las masas, en los centros de trabajo, en las calles, en los hogares; y de guiar a todo el pueblo a hacerla efectiva. Nuestro partido debe adquirir esta capacidad. Con este propósito debe tener, antes de todo, una fisionomía particular, que lo haga reconocible para todos y le abra el alma de las masas, haciéndolas ver que es la guía que necesitan.

Nosotros debemos ser, entre todas las formaciones políticas italianas, la más netamente antihitleriana. Nosotros buscamos la destrucción, el aplastamiento de la Alemania Nazi, y contra el nazismo luchamos con todas las armas, hasta su derrota total. Esto nos convierte, desde el momento en que la Alemania nazi ha invadido nuestro país y mantiene subyugados a treintaicinco millones de italianos, en el partido que se sitúa en la vanguardia de la lucha por la liberación nacional.

Nosotros somos, entre todas las fuerzas políticas de Italia, el partido más decidida y netamente antifascista, no solo porque no tenemos mácula ninguna en nuestro pasado que nos pueda ser reprochado: sino porque somos quienes mejor entendemos cuales han sido y cuales son las raíces del fascismo, y cómo deben ser rotas si se quiere que nos liberemos del fascismo para siempre.

Somos el partido de la unidad. Unidad de la clase obrera, unidad de las fuerzas antifascistas, unidad de toda la nación en la guerra contra la Alemania nazi y contra los traidores a su servicio. Nosotros somos el partido de quién depende en primer lugar frustrar las maniobras, vengan de quien vengan, que buscan dar al traste con la unidad que necesitamos para salvarnos. Contra los enemigos de la unidad nos mantenemos en guardia, los partidos, las organizaciones y el conjunto del país.

Nosotros debemos ser el partido más cercano al pueblo. El pueblo sufre hoy material y moralmente. Es deber de los comunistas mantenerse vinculados a todas las capas populares, a todos cuantos sufren. A los obreros con trabajo y a los desempleados, a los jóvenes, a las mujeres trabajadoras y las amas de casa, a los intelectuales, a los campesinos. Debemos ser capaces de entender todas las necesidades de las capas populares y empeñarnos en satisfacerlas.

Nosotros somos el partido que mira con mayor confianza a las nuevas generaciones, que han sufrido una dura experiencia, pero de las que no tenemos ningún motivo para la desesperanza. Si el colapso atemorizado del fascismo ha dejado en muchos jóvenes un ansia no colmada aún, sus aspiraciones de regeneración del país y de justicia social pueden ser ahora colmadas. Nos cabe a nosotros demostrarles que el ideal que los mueve es nuestro mismo ideal, y que, rechazada la triste mentira fascista, es hoy cuando se pueden abrir verdaderamente a las nuevas generaciones los caminos del porvenir.

Nuestro partido, por último, puede cumplir con estos deberes solo en la medida en que se mantenga unido y disciplinado. Si nuestro partido logra esto, estará cohesionado y libre de toda infiltración enemiga posible, estaremos preparados para las tareas que la misma historia pone hoy a la clase obrera y a su vanguardia.

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