Aquí donde ella se alza ante la verja a la cabeza de su tribu y espera… Triunfante sobre las montañas de nuestras calaveras. Hundida hasta el borde en los ríos de nuestra sangre… […] contempla desde arriba la larga marcha obrera detenida ante ella y dice: ¡Despertad! ¡Despertad! Esto es Inglaterra, vuestra Inglaterra… y el año es Cero.
David Peace, GB84

Yorkshire del Sur encendió la mecha en marzo de 1984. Arthur Scargill y el NUM (National Union of Mineworkers) declaraban la guerra y la huelga a Margaret Thatcher. Amanecía el mes de marzo en Inglaterra con el cierre de veinte minas. Así comenzaría el plan secreto de clausura de pozos de carbón del gobierno británico, que se hizo público en 2014: setenta y cinco cierres de minas, sesenta y cuatro mil mineros perderían su trabajo. La Dama de Hierro contra el Rey Arturo. El movimiento obrero contra el impulso neoliberal. Marzo de 1985. Una derrota de clase. 

La historia es la historia de la lucha de clases. De nuestras victorias y nuestras derrotas. De la batalla y de la injusticia. De nuestra alegría y de nuestra sangre. De nuestros piquetes y de nuestras barricadas. De la represión y de los 150.000 mineros que se levantaron contra Thatcher en una huelga que David Peace (1967, West Yorkshire, Inglaterra) plasma con tinta negra y olor a humo en su obra GB84, traducida y publicada en nuestro país por la editorial Hoja de Lata en 2018 –la publicación original es de 2004–.

La novela de Peace nos traslada a una Inglaterra gris. A una lluvia casi invisible tras la ventana de un despacho donde se dibuja la estrategia de destrucción del movimiento obrero: legislación antisindical, manipulación mediática, humillación, represión, bandas paramilitares… Una ofensiva del capital. Intuimos a la Dama de Hierro moviendo sus fichas para ganar la guerra. Ella. Con el Judío Stephen Sweet como mano ejecutora. Personajes enmascarados tras identidades funestas para nuestra clase.

Enfrente: el Sindicato. Como siempre hasta entonces. El sindicato minero, el NUM, el más poderoso de Gran Bretaña. El “Rey” Arthur Scargill al mando. A su lado, el anónimo Terry Winters, uno de sus hombres fuertes y uno de los principales protagonistas de esta historia. Tras ellos, ciento cincuenta mil mineros. Miles en cada piquete volátil. Hoy en Yorkshire, mañana en Durham, pasado en Orgreave, sede de la batalla más sangrienta protagonizada entre cinco mil mineros e igual número de policías a caballo. Setenta y dos miembros de los cuerpos de represión fueron heridos, por cincuenta y un huelguistas.

Alrededor de esta gran narrativa, este enfrentamiento abierto entre Gobierno y Sindicato, entre capital y movimiento obrero, David Peace construye las guerrillas subterráneas que nos dibujan el mapa completo del conflicto minero. Neil Fontaine -chófer del Judío- y el Mecánico -un mercenario- personifican los mecanismos represores del Estado en sus artes más oscuras y violentas. Por otro lado, a través de Martin y Peter vivimos el día a día de un minero durante esta huelga de un año que llenó los centros de servicios sociales, dejó a familias, trabajadores y sindicatos en la ruina, y le dio al capitalismo la hegemonía anglosajona.

Planteado el mapa conceptual, GB84 se constituye como una novela negra laboriosa, no tan solo en su enfoque sino también en su concepción y lectura, con diversas tramas diferenciadas estilísticamente. Peace propone un complejo puzle donde las piezas terminan encajando trágicamente. Donde la respuesta minera, la división en el sindicalismo, la patronal, el Estado y todo su aparato convergen en un mismo punto final: la derrota del movimiento obrero. Uno puede tener razón y ser derrotado, y a veces el coraje no obtiene recompensa, diría Camus.

La victoria de Thatcher sobre los mineros allanó el camino al neoliberalismo. Sin movimiento obrero, el capital no encuentra resistencias. Cuatro años antes Reagan se había proclamado presidente de EEUU. La doctrina neoliberal se impuso en dos de las potencias más importantes del mundo occidental: privatizaciones, desregulación, bajada de impuestos a los ricos, laxas legislaciones laborales, destrucción del sindicalismo y el movimiento obrero… Con la desigualdad y el individuo por bandera, y con dictaduras militares como laboratorios, el neoliberalismo comenzó a perfilar el mundo que hoy vivimos. 

El individuo fulminó a la comunidad. Como relataría Owen Jones en Chavs, los hijos de los mineros, que habían bebido del sentimiento colectivo en sus pueblos, que se habían criado con el Sindicato como referencia, pasaron a llenar las atomizadas plantillas de los bares y supermercados de las grandes ciudades, donde el movimiento obrero es inexistente. Los compañeros se convirtieron en personas; los vecinos, en ciudadanos. 

En 1920 al NUM (sindicato minero) se le estiman un millón de afiliados. En 1984 eran 170.000. En 2015 la prensa galesa cifró en un centenar los miembros activos del sindicato, si bien Daniel Bernabé, en el prólogo de GB84, recoge 750 afiliados en 2017. Un fósil, no obstante. El coste de la derrota. El precio del nuevo mundo neoliberal cimentado en sangre, opresión, represión y, no olvidemos, la traición de los esquiroles.

 

El lunes voy a volver a trabajar.

—¿Qué quieres que te diga? ¿Quieres que te dé la absolución?

—He cumplido. He participado en más piquetes que la mayoría.

—Es verdad. Y ahora vas a echarlo todo a perder y a dejar que te conozcan el resto de tu vida como un esquirol. Esto no va a durar mucho más. Podría acabarse el martes, y tú habrías sido un esquirol 24 horas de 11 meses de huelga. Tan solo 24 horas, puede que ese sea todo el tiempo que hagas el esquirol. Pero serías conocido toda tu vida como Kev el Esquirol, y tus niños como los hijos de Kev el Esquirol. ¿Quieres ser como uno de esos viejos que solo pueden tomar una pinta en Shefield? En sitios donde nadie sabe que fueron esquiroles hace sesenta años. ¿Has visto a ese que está al final de la calle? ¿Sabes que fue un esquirol?

—Sí.

—¿Sabes cuántos días hizo de esquirol?

—No.

—Yo tampoco. Eso es lo que quiero decir, que no importa si fue un esquirol toda la huelga o solo el último día… Fue un esquirol entonces y es un esquirol ahora.

David Peace, GB84.

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