Circula una anécdota que relata que, ante la coincidencia de una reunión del Comité Central del Partido Comunista de Italia con un partido de la Selección Italiana de Fútbol, el entonces Secretario General -Enrico Berlinguer- exclamó al inicio de ésta:

– Camaradas, somos el partido de la clase obrera y ¿Qué es ahora lo más importante para la clase obrera? El partido. Por ello, queda suspendida esta reunión y vamos todos a verlo.

Sin entrar a valorar lo adecuado o no de la decisión, este chascarrillo nos permite hacernos una idea de la importancia que el fútbol tiene, en tanto espectáculo deportivo de masas, en la sociedad actual y su indudable conexión con los acontecimientos sociales y políticos. Quizás sea una mera casualidad que la primera regulación de este deporte date del año 1848, mismo año de publicación del Manifiesto del Partido Comunista, pero lo que sí que tiene una relación fáctica real es que la implantación del fútbol como deporte de masas es consustancial al desarrollo de la clase obrera como sujeto político a lo largo de los siglos XIX y XX. Prueba de ello es que los primeros clubes de fútbol ingleses se desarrollasen en torno a las fábricas. Ejemplos de ello son los equipos londinenses del West Ham United, que todavía conserva el apodo de los «Hammers» que le dió su origen en una fábrica de acero o el Arsenal Football Club, conocido como los «Gunners» debido a que fue fundado por los empleados de una fábrica de armamento.

la implantación del fútbol como deporte de masas es consustancial al desarrollo de la clase obrera como sujeto político a lo largo de los siglos XIX y XX

En España el desarrollo del fútbol también es parejo al del capitalismo. Es por ello que se da en un inicio en núcleos aislados y dependientes del capital extranjero, obviamente en este caso inglés. Por este motivo, el club más antiguo de España es el Recreativo de Huelva, fundado por mineros ingleses que vinieron a explotar las minas de Río Tinto, y el segundo, que no es otro que el Atlethic Club de Bilbao, fue fundado por también por ingleses que vinieron a industrializar el país. En este caso, marineros ingleses que trabajaban en los puertos vascos. De hecho, el club sigue conservando tanto su denominación inglesa como la identidad  en los  colores de su equipación, camiseta a rayas rojiblancas y pantalón negro, con el Southampton FC, equipo de la ciudad cuyo puerto se comunicaba con la capital vizcaína.

En consecuencia, a lo largo de los siglos XIX, XX y XXI el fútbol permanecerá como lo que historiadores de la talla de Eric Hobsbawm[1] han denominado estilo común de la clase obrera, cuya vigencia continúa pese al declive de las organizaciones sociales de la clase trabajadora. Es más, está documentado que en los albores del siglo  XX y hasta bien entrado la mitad de éste, el fútbol era considerado por las clases altas como un deporte vulgar; prefiriendo otros a los que les atribuían mucho más estilo[2].

Esta importancia del fútbol, también ha tenido consecuencias geopolíticas. No es casual que este Mundial de 2018 sea en Rusia y el de 2022 sea en Qatar, ambos países emergentes y por tanto, nuevos nichos de mercado para el negocio del fútbol. La historia también nos ha proporcionado muestras de Mundiales de Fútbol que son empleados como herramientas para proyectar una determinada imagen de un país. Un ejemplo recurrente es el triunfo de la selección nacional en el mundial de Argentina de 1978, que fue utilizado para legitimar la dictadura de Videla. También podríamos hablar de la influencia de la victoria del Equipo unificado alemán en el Mundial de 1990 o el Mundial de 1982 celebrado en España que se empleó para lanzar al mundo una idea del país diferente a la de la dictadura franquista.

La historia también nos ha proporcionado muestras de Mundiales de Fútbol que son empleados como herramientas para proyectar una determinada imagen de un país

Hoy en día, del mismo modo que Luis García Berlanga decidió ubicar en una cacería su aclamada película «La escopeta nacional» para relatar la convivencia entre la alta burguesía y los sectores dirigentes del estado en el tardofranquismo, quizás sería más actual ubicar este tipo de convivencias entre las oligarquías financieras y el estado en los palcos de los equipos de fútbol.

Esto es debido a que el futbol en la actualidad, dentro del proceso de exportación de la identidad cultural que se acomete contra los trabajadores, ha pasado a ser, dentro de la lógica del capitalismo que tiende a mercantilizarlo todo, un negocio enorme y por ello de influencia social y poder. Prueba de ello es que la propiedad de los equipos ha pasado de ser de un grupo de socios a ser de grandes empresarios que buscan iniciar movimientos especulatorios [3]o el lucimiento personal[4]. Esta transformación en España da un salto exponencial en los años 90 cuando, tras una ley del gobierno socialista que obliga a los clubes a transformarse en Sociedades Anónimas, se produce la llegada de empresarios tan estrambóticos como Jesús Gil, cuya familia sigue manteniendo la propiedad del Atlético de Madrid, Manuel Ruiz de Lopera o José María Ruiz Mateos[5].

En la actualidad se puede entender como consecuencia de la subordinación internacional de la economía española el hecho de que clubes tan arraigados como el RCD Espanyol de Barcelona o el Málaga C.F tengan presidentes chino y qatarí respectivamente.

Es recurrente escuchar a los aficionados la expresión «odio eterno al fútbol moderno» como locución definitoria de la apropiación capitalista del pasatiempo por excedencia de las clases populares. Sin que está afirmación pueda tener una base fáctica, pues el juego sigue siendo el mismo que en el siglo XX[6], sí que define a la perfección el sentimiento de nostalgia que genera a los aficionados el ver como algo que se encontraba tan engarzado en su identidad, como es su equipo de fútbol, se ha convertido en una compañía mercantil que solo piensa en aumentar beneficios temporada a temporada.

Defender que el fútbol es un fenómeno de las clases populares y la importancia de su papel en la construcción de la identidad colectiva no debe servir de pantalla para denunciar que en el fútbol también se reproducen actitudes machistas o xenófobas[7] o que en ocasiones se emplee como distracción de los problemas sociales. Pero, contrariamente a lo que en ocasiones se ha llegado a afirmar, el fútbol y el deporte de masas en general no es su origen, si no el cauce por el que esas actitudes se expresan.

Por eso, acontecimientos recientes como la suspensión del amistoso que iba a enfrentar a las selecciones de Israel y Argentina, cancelado debido a que los jugadores, movidos por las presiones sociales, se han negado a jugar o el auge del futbol femenino, inexplicable si no se relaciona con el peso que el movimiento feminista ha alcanzado en la sociedad, son también pruebas de que  también el futbol puede ser el cauce de expresión de una sociedad más justa. No es casualidad que desde los medios de comunicación del poder se repite aquello de «no mezcles el deporte con la política».

En los próximos días asistiremos ante un aluvión de información futbolera ocasionada por la celebración de la Copa Mundial de Fútbol. Independientemente si como pasatiempo nos gusta, no podemos negar la importancia que este deporte tiene en la generación de la identidad de algunos de los pueblos del mundo[8]. Por ello, estos son días de disfrutar con el deporte, de animar a los nuestros y sobretodo de hablar mucho de fútbol o lo que es lo mismo: de política.

 

[1] El autor de notable obra «Historia del siglo XX» realizó esta afirmación en una conferencia traducida al castellano con el título de “¿Se ha detenido la marcha hacia adelante del movimiento obrero?”(Año 1978),

[2] ARTOLA, MIGUEL.  «El fin de la clase ociosa».

[3] Como ejemplos de empresarios que adquirieron equipos de fútbol con el objetivo de aumentar su capacidad de negocio, que en España no es otra cosa que especular con la vivienda,  encontramos a Juan Soler que en 2004 adquirió el Valencia C.F con el manifiesto objetivo de «vender solares para no vender estrellas» o Agapito Iglesias que tras adquirir el Real Zaragoza empezó a aumentar la obra que su inmobiliaria ejecutaba con el Gobierno de Aragón. Es de resaltar que ambos mandatos terminan con sus respectivos equipos en una situación ruinosa tanto en términos económicos como deportivos.

[4] Casos paradigmáticos de esto son los de Mauricio Macri o Silvio Berlusconi, grandes magnates que, tras adquirir notoriedad como presidentes de Boca Juniors y A.C. Milan respectivamente, han alcanzado la presidencia tanto de Argentina como de Italia, ambos con un programa marcadamente neoliberal en sus agendas.

[5] Estos dos últimos antiguos propietarios del Betis y del Rayo Vallecano.

[6] La única referencia mínimamente resaltable es que, tras las leyes que posibilitaron la llegada masiva de futbolistas extranjeros a las grandes ligas, el juego se ha vuelto más exigente físicamente, ya que también es más profesional.

[7] Como ejemplos de estas actitudes podemos encontrar la facilidad con la que se recurre a la expresión «maricón» como insulto o la imitación de la onomatopeya del mono para ofender a jugadores negros.

[8] Así lo sostuvieron autores como Manuel Vázquez Montalbán, que aborda esta cuestión en obras como «La soledad del manager», cuando afirmó que «El Barça es el ejercito desarmado de Catalunya» o el Citado historiador británico que hablo de la importancia del fútbol en la construcción de naciones en su libro «Guerra y paz en el siglo XXI«.

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