“Aprendamos Juntos”, así es el nombre por el cual el capital ha echado sus garras en las conciencias de los estudiantes. El proyecto consiste en una serie de conferencias al más puro estilo TEDx, donde el ponente lanza puras opiniones a un público presumiblemente joven o en su defecto a padres o profesores interesados en cómo educar a sus pequeños.

Todas autoridades del saber, expertos en su campo y para que nos vamos a mentir, en cualquier otro al parecer también: físicos, escritores, cocineros, cardiólogos y psicólogos enseñando a dar clase sin haber dado ninguna en su vida a personas que están en ellas todos los días.

Lo específico de este discurso y por lo que realmente es importante criticar el proyecto de BBVA no es por el mero ataque de este proyecto en particular, sino por representar y materializar una ideología sobre la educación mucho más profunda que actualmente está recorriendo las escuelas, las familias incluso las facultades de pedagogía y magisterio y ni hablar del vergonzoso máster de educación de profesorado.

Al margen de la forma en la que nos lo cuentan digno de un artículo propio sus palabras en realidad, aunque parezcan vacías desde una perspectiva de clase, dan unas muy buenas (para determinados intereses) soluciones a los problemas del sistema educativo. Por un lado, el trato al alumno y por otro la practicidad de los contenidos.

Ya nos encontramos lejos del cura que te hacía rezar los padres nuestros a ostias o del cara al sol todas las mañanas pues al fin y al cabo cuando el trato al alumno supone un maltrato continuo es fácil darse cuenta del error de fondo. Es ya en un sistema de subsunción real[1], donde la explotación no se hace explicita a través de la sangre, el sudor y las lágrimas y donde las pedagogías amigables y el juego cobran completo sentido. Pero no como una eliminación última del proceso de explotación del alumno, sino como un proceso de disolución de la diferencia explotado-explotador con dos objetivos: por un lado crear un obrero que ya a priori haya aceptado, de forma incluso alegre, su explotación frente al capital y por el otro un obrero que ya haya aceptado el contenido teórico que necesitan las empresas. Por un lado se transforma una forma educativa violenta en una forma educativa cómoda, eliminando con ello el surgimiento de posibles antagonismos. Y por otro lado, mucho más novedoso, rellenas, suplantas el conocimiento científico que sobretodo la educación humanista e ilustrada había establecido como faro para un proyecto educativo genuinamente emancipador, por un contenido teórico exclusivamente diseñado en beneficio del capital.

Es por ello el desprecio completo por el capital a la filosofía, la música o la historia para ser suplantado por la informática, el control emocional, el emprendimiento, la creatividad  o la resolución de problemas

Es por ello el desprecio completo por el capital a la filosofía (en un sentido estricto, no como una educación a la ciudadanía), la música o la historia para ser suplantado por la informática, el control emocional, el emprendimiento, la creatividad (nunca artística sino con objetivos empresariales) o la resolución de problemas (siempre empresariales, nunca matemáticos, lingüísticos, filosóficos o políticos). Por supuesto, estas materias no son malas en sí mismas, pero es evidente la génesis a la que debemos hacer frente. Es por ello que los grados más ligados con las tendencias tecnológicas, las ingenierías, son probablemente las carreras más difíciles pues son las más demandadas por un mercado omnipresente.

Pero no caigamos en mecanicismo, la dependencia del mercado por lo que los aparatos ideológicos producen hace que el ataque a estos aparatos no sea una cuestión anecdótica sino absolutamente central en el capitalismo tardomoderno. Este nuevo esquema abre una nueva brecha en el capitalismo. Con el contraataque y la destrucción del sistema educativo en un sentido práctico, útil o funcional la cadena productiva se detendrá de inmediato, generando un cambio en el modelo productivo con una capacidad ideológica mucho más primitiva, arcaica, incluso violenta de la relación capital-trabajo.

Cuando en la actualidad se denuncia que la educación no es lo suficientemente práctica, en realidad se está denunciando que no se adapta al modelo productivo cuando la verdadera respuesta es la opuesta. Es el modelo productivo el que debe hacer frente, organizar o aprovechar lo que la educación hace de nosotros; y es por ello que siempre va a ser violenta, casi colonial, ultrajando los intereses propios de cada pueblo, cultura e individuo a favor de un único beneficio, el capital.

[1] Subordinación del trabajo respecto al capital que se produce cuando los procedimientos, la maquinaria y la tecnología empleadas consiguen arrebatar al trabajador/a, la iniciativa en el proceso productivo, siendo desplazada por la dinámica de un sistema de máquinas y procedimientos que convierten en instrumento del funcionamiento maquínico, a la persona que trabaja

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