La situación excepcional por el COVID ha sacado al debate público las propuestas sobre el teletrabajo. Mucha prensa, de todos los signos políticos, está publicando sobre el tema con una visión un tanto edulcorada. Mientras se escribe este artículo la CEOE, Ministerio y sindicatos están negociando unas bases para su aplicación donde la patronal está manteniendo  unas posiciones bastante cerradas sobre el tema. La pregunta que nosotras nos hacemos es, ¿Puede ser el teletrabajo un paso hacia la emancipación de la clase trabajadora?

¿Para quién?

La clase trabajadora no es homogénea. No lo fue en el siglo XIX en la Inglaterra industrial, ni en la Asturias de los sesenta, ni lo es hoy en día.

Ni hace 60 años todos los trabajadores eran mineros y peones del metal, ni hoy en día todos trabajamos desde un ordenador. Parece que los pecados sobre la homogeneización e idealización de la clase que han echado en cara a «los obreristas» son los mismos que están cometiendo los que parten de la errónea tesis de que los trabajadores manuales no existen y están en extinción.

¿Quién domina la producción y elaboración de la información, la producción y difusión de las teorías y estudios sobre el trabajo? ¿Quién controla los medios de comunicación, las universidades, los centros de investigación, etc.? Este es un sector con muchas profesionales liberales(aunque también muchísimas asalariadas en condiciones precarias) que está alejado, y por la distribución del trabajo en la sociedad lo seguirá estando, de la realidad del trabajo manual. Esto también incluye ciertos elementos de la dirección del Estado, partidos políticos y sindicatos. La normalidad se construye sobre ellos, lo que es «lo normal» es su realidad y esta conlleva trabajar con un ordenador.

En esta pandemia se ha demostrado que no solo es que existan los trabajadores manuales, sino que la inmensa mayoría de las labores esenciales las desempeñan unos sectores de la clase trabajadora que no pueden adherirse al teletrabajo. Quien se mancha las manos de sangre para salvar vidas, de grasa para arreglar los camiones que llevan las comida a los supermercados, de lejía para limpiar e higienizar espacios públicos o de mierda para limpiar nuestras calles, no pueden trabajar con un ordenador. Pensar que el teletrabajo es una solución colectiva es estar alejado de la vida cotidiana de la inmensa mayoría de la clase trabajadora de este país. Se podría seguir con muchísimos ejemplos de lo absurdo que es plantear esta solución para los sectores que aglutinan el empleo en nuestro país: construcción, hostelería, industria automovilística…

Además, ¿cuántas trabajadoras no manuales pueden teletrabajar? ¿Lo podrán hacer todas? ¿Cuántas de las trabajadoras solo trabajan con el ordenador? Exigir el teletrabajo como derecho para una clase trabajadora que en su inmensa mayoría no lo va a poder ejercer es, una vez más, hacer de la realidad individual la norma general.

¿Cómo?

La otra gran pregunta es cómo se va a aplicar esta modalidad de trabajo. ¿Tendrán la mayoría de las trabajadoras de este país, de entre las que pueden teletrabajar, unas condiciones favorables para hacerlo? ¿O será una vuelta de tuerca más en la explotación del capital sobre el trabajador? Muy a nuestro pesar, la correlación de fuerzas entre la clase trabajadora y el capital no está a favor de la mayoría. 

El teletrabajo está suponiendo un alto coste para nuestra clase aparatos para realizar esta tarea, luz, mantenimiento… Cuándo una trabajadora se quede sin ordenador, ¿será la empresa la que lo reemplace? ¿O más bien será esta la que tenga que asumir el sobrecoste ese mes? Quizá los sectores más cercanos a las profesionales liberales, que están más cerca de prestar un servicio que de vender su fuerza de trabajo, puedan negociar en buenas condiciones. Pero la cruda realidad es que no todas las trabajadoras que pueden teletrabajar son profesionales liberales. Hablando claramente: la realidad mayoritaria no va a ser la del profesor titular de la Universidad al que le compran un Mac para que pueda trabajar desde casa. Por ello, volvemos a insistir en que no se puede construir la normalidad desde esa perspectiva porque es inmensamente minoritaria. 

Otra de las cuestiones preocupantes es la ruptura espacial y temporal entre el trabajo y la vida personal. Se van a difuminar las fronteras obligando a la trabajadora a estar disponible en todo momento para el empresario. El descanso, no solo físico, sino también mental, de no preocuparse por las cuestiones del trabajo va a desaparecer aumentando el estrés, consecuencias que actualmente ya han comenzado a pasar factura a multitud de trabajadoras. Tendrás que enviar ese correo en el momento y no mañana por la mañana, los días de descanso serán horas disponibles para trabajar y las jornadas laborales se difuminarán bajo la excusa de la inmediatez. 

Asimismo, la mayor parte de la socialización entre las trabajadoras va a desaparecer, ya que es lógico que si las trabajadoras de la misma empresa no se ven, o se ven muchísimo menos, no puedan socializar ni compartir sus preocupaciones. Los espacios informales donde se genera colectividad (como la máquina de café o el cigarro en la puerta) desaparecen. A fin de cuentas, negar la socialización a través del trabajo es negar el trabajo como eje vertebrador de la sociedad, donde éste se convierte en un elemento residual en la sociedad para dar paso a otros ejes que, bajo los intereses de una clase, pretenden acaparar la centralidad en la socialización. La pregunta que nos surge es, ¿ha adelantado el consumo al trabajo como columna vertebral de la sociedad? De trabajadores a consumidores, de sujeto social a individuo. 

Otro de los argumentos principales que se está utilizando para defender el teletrabajo es la conciliación. ¿Es la conciliación una idea abstracta? ¿o es una realidad material y tangible? Si fuera una idea abstracta, podemos pensar que trabajar desde el hogar es conciliar, pero las 8 horas de jornada (si no son más) se hacen igualmente para después realizar todo el trabajo reproductivo. Si hablamos de conciliación, tenemos que hablar de reducción de jornada: de incluir dentro de la jornada el tiempo socialmente necesario para que la clase trabajadora acuda a sus centros de trabajo y pueda afrontar las tareas reproductivas.

Supuestas virtudes para el planeta

Las grandes virtudes que se venden en torno a la cuestión del teletrabajo son la conciliación y la comodidad de trabajar desde casa, cuestiones de las que ya hemos comentado su cara negativa. 

Una de las ventajas que puede tener más cabida es sin duda el trabajar desde casa, ahorrarse un desplazamiento no pagado por el empresario en el que el trabajador tiene que acudir a su puesto de trabajo aumentando su jornada laboral real de 8 a 9 o incluso 10 horas.Sin embargo creemos que esa «comodidad» de trabajar desde casa esconde dos cuestiones: la primera, y ya mencionada, el desplazamiento no pagado al centro de trabajo por el empresario y la segunda, oculta una necesaria crítica al urbanismo puesto al servicio del beneficio y opuesto a la vida y el medio ambiente. No es lógico, y hay condiciones para evitarlo, que en las grandes urbes de nuestro país se tenga que depender del coche o de unos servicios públicos de transporte cada vez peores y más caros. No es viable ni para el planeta, ni para la clase trabajadora, tardar horas en ir y volver del trabajo. Es también un conflicto de clase el urbanismo desordenado, pensado para el turista y el rico y que condena a la clase trabajadora a perder su día en cercanías, metros, buses o atascos.

Otra de las desventajas que hay que señalar, frente a esas tesis que defienden que el teletrabajo es más sostenible ecológicamente, es el aumento de la producción de aparatos tecnológicos individuales. En muchos hogares, va a ser necesario tener un ordenador por persona para trabajar y estudiar. Esto no solo supone un altísimo coste monetario para las familias trabajadoras, sino un alto coste ecológico derivado de su producción, a esto debemos añadirle los actuales grados de obsolescencia establecidas por los fabricantes. 

Frente a la utopía tecnológica de liberación individual

¿Cuál es la realidad de la mayoría de la población en nuestro país? ¿Es la solución una escapatoria individual que dependerá del nivel, casi de la casta social, de la formación, de los contactos del individuo frente a su contratador? ¿O dicha solución pasa indefectiblemente por la organización de las trabajadoras en el centro de trabajo? 

Claro que esta puede ser una solución, una opción para ciertas trabajadoras. Pero hay que combatir esta idea de un futuro en que las trabajadoras manuales dejan de existir, pues esto oculta una proletarización cada vez mayor en la periferia del mundo. Mientras que en el centro imperialista desaparece poco a poco el trabajo manual (habría que analizar detenidamente las cifras para comprobar si es algo inminente), este sigue vigente en los países dependientes donde van a parar las fábricas, la producción agrícola, etc. Se ha llegado a afirmar (https://www.mundoobrero.es/pl.php?id=9327) que el teletrabajo favorecerá las condiciones de trabajo de las migrantes, permitiendo a estas trabajar para empresas extranjeras desde sus lugares de origen. Esta afirmación roza lo absurdo, ¿o alguien de verdad se imagina a las temporeras de Huelva manejando drones que recojan la fresa desde su casa en Marruecos? Esa es la realidad de la migración de la clase trabajadora a nivel mundial y no la inmensa minoría del centro imperialista que emigra con formación y títulos para desarrollar su carrera profesional.

Parece que el futuro que nos espera es una especie de utopía en la que el ser humano se ha librado del trabajo manual, el cual realizan los robots, y que viviremos en un mundo diseñado para la liberación y el desarrollo individual. Lástima que estemos en un sistema capitalista hegemónico a nivel mundial en que lo que prima son los intereses de los grandes propietarios. Y que esa liberación no se vaya a dar social y colectivamente sino solo para que unos pocos habitantes del centro imperialista puedan desarrollar su vida, identidad y deseos a costa de miles de trabajadoras. Parece una locura, pero la cuestión del teletrabajo oculta el verdadero debate sobre hacia dónde camina el desarrollo de las fuerzas productivas a nivel mundial: si el desarrollo de estas va a conducir a la liberación del ser humano gracias al desarrollo técnico y científico, o si por otro lado, estos avances solo se van a dar para una minoría sustentada en la explotación de millones de seres humanos.

Plantear soluciones que resuelvan los problemas de toda la clase obrera es la solución y no solo las de una minoría entre los asalariados que a veces parece que comparten sus ilusiones y forma de vida con los administradores y poseedores de las empresas.

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