El 21 de julio de 1970 la noche se cierne en Granada con un amargo olor a pólvora. Durante los meses anteriores se había fraguado un conflicto en torno al convenio colectivo de la construcción que acabaría con el asesinato de 3 obreros a manos de la policía durante una jornada de huelga general. Hoy conversamos con Antonio Valdivia, vecino de Granada, militante del PCE y las CC.OO.

Buenos días, Antonio ¿cuántos años tenías cuando tuvo lugar la huelga?  ¿participabas en alguna organización política entonces?

A: En el 70… nací en 1943… tenía por tanto 23 años no, perdón, 26 años. En aquella época yo era delegado de ventas de Pegaso en la provincia.  Y estaba en el PCE.

Yo contacté con el PCE a raíz de la caída del año 61, que hubo una caída grandísima, de 500 y pico [camaradas]. Entonces el Partido se quedó diezmado. Yo estaba detrás de contactar con el partido y justo a un paisano mío que estaba en Bélgica lo mandó el Partido a tratar de reconstruir los flecos que quedaron. Pues fue ese mi primer contacto con el Partido. Eso fue en el 62.

Imaginamos que la situación de los obreros debió ser dura esa época, pero nos gustaría que nos ayudaras a hacernos una idea ¿Cómo recuerdas tu juventud en Granada? ¿Cuáles eran las condiciones de vida?

A:  Las condiciones de vida de los obreros… pues era cuando empezó un poco el boom de la construcción, era… eran unas condiciones abusivas cien por cien. En esa época hubo un éxodo del campo a la ciudad de Granada. La gente que no era especialista lo más fácil era entrar en la construcción de peón o de albañil. La vida de los obreros era malísima, malísima porque había por parte de la patronal abusos en cuanto a echar muchas horas, un salario bajísimo, destajos… era abusiva.

Yo creo que esta situación fue la que dio lugar a que explotara, no solamente en Granada. Anterior a este fenómeno de la huelga de Granada, ya hubo en el marco de Jerez huelgas tremendas, hubo en Sevilla, hubo en Madrid… En esa época además ya se estaban desarrollando las Comisiones Obreras. El partido, con buen criterio, empezó a decir ¿cómo combatimos a la dictadura? ¿Cómo combatimos al capital, a la patronal abusiva? Llegamos a la conclusión de que había que penetrar dentro del enemigo de la clase obrera.

¿En el Sindicato Vertical?

A: Claro. Si el debate se hace como hay que hacerlo y de una forma tranquila, las conclusiones, la praxis puede ser extraordinaria.

Hubo sus discordias, un sector del partido que decía que no, que cómo íbamos a entrar en los sindicatos verticales. Otro sector, entendíamos que era una forma de introducirnos dentro de ellos. Esto es básico para entender lo que pasó en Granada y quién llevó el timón de lo de Granada. Se coparon cargos dentro del Sindicato Vertical en los sectores de la construcción, metal y agricultura.

¿Cuáles fueron las causas de que se creara tanta conciencia social en aquel momento?

A: Bueno, la situación de abuso laboral, los salarios bajos, la miseria… cuando la patronal estaba ganando millones a espuertas, esa es la base.  Luego se supo hacer ver a la gente que ellos tenían que ser los sujetos activos, o sea, que el conjunto de la gente fuese el sujeto activo. No tanto por esconder al PCE, sino porque la gente se incorporara a la lucha porque, además era la lucha que debieran llevar ellos para defender sus intereses. En ese aspecto, la gente, aunque nos parezca mentira, en una época donde el analfabetismo todavía en la clase obrera perduraba, la clase obrera es inteligente.

Digo es, no somos. Es. Porque cuando ellos ven una ocasión que es el camino correcto para luchar por la defensa de esos intereses se impregna, se imbuye, eh. Y claro, en aquel tiempo había mucha dificultad. El régimen se da cuenta, máxime cuando ya había habido movimientos en Sevilla, Madrid y tal, de que aquello era una efervescencia que no paraba.

La patronal… yo conocía a alguno de la patronal que bueno, que se endurecieron. Hubo una propuesta por parte de lo social de unas condiciones laborales de 45 horas a la semana . Y dijeron rotundamente que no.

Por esas condiciones de vida que hablábamos había barrios y zonas de Granada muy combativas. ¿Crees que ese movimiento vecinal tan fuerte influyó luego también en la concienciación social?

A: Hombre, sin duda. Hablamos del gremio de la construcción, los obreros eran vecinos de esos barrios y muchos trabajadores estaban también en los movimientos vecinales. Es decir, que eso también sirvió mucho para tirar de gente de los barrios obreros ante la llamada, pues ya no era sólo el ámbito del tajo, sino el vecinal, el familiar… ¿me explico o no?

Claro. Y, cuéntanos ¿bajo qué reivindicaciones se organizaron los obreros? ¿recuerdas cuáles eran y cómo fueron las negociaciones?

A: Las reivindicaciones de cara al convenio colectivo eran un jornal de 240 pesetas, la jornada de 8 horas de lunes a viernes y 5 los sábados, la eliminación de los destajos y las horas extra, disfrute real de vacaciones, la eliminación de las diferencias salariales entre categorías profesionales, que se dieran algunos pluses como el de enfermedad, accidentes,… En fin, no eran tampoco unas condiciones “alocás” ni “exagerás”, no.

Se tenía como referencia lo que ya había pasado en Sevilla, lo que había pasado en Madrid. Cuando el convenio de Granada, a raíz de esto, se aprobó,… pues la verdad es que junto al de Madrid eran los dos convenios más altos de España. La lástima es que costó sangre. La sangre de Remigio, Antonio y Manuel. Pero también a la clase obrera le sirvió eso de que las cosas hay que lucharlas, que el capital no te las da así porque así.

Las reuniones con la patronal durante las negociaciones fueron tensas. ¿Qué crees que fue lo que impulsó al final a decidirse por la huelga general el 21 de julio?

A: Bueno, la no aprobación del convenio por parte de la patronal, sin duda. He de decir que, el día de antes, el día 20, hubo una asamblea, la patronal ya había expresado que no admitían las propuestas como te había dicho, por eso fue la asamblea, para ver qué hacer. Yo calculo que más de 3000 personas había allí. No… me quedo corto. Igual más. Allí fue donde yo capté un poco que el movimiento asambleario había tomado esa lucha en sus manos. Y ahí se decidió que al día siguiente se fuese a donde estaba el Sindicato Vertical, que ahora hay un hotel, y que antes tuvo Comisiones Obreras. Aquel día, sobre las ocho y algo ya habíamos tenío un encontronazo grande con la policía en la zona de Gonzalo Gallas, ahí en la parte esa universitaria y Camino de Ronda. Allí había habido ya una carga de la policía y me acuerdo que había un solar con piedras y eran… bueno, esas eran las balas que teníamos nosotros, ¡Las piedras! (Se ríe).

Ya se había liado. Fue una orden del Gobernador Civil tajante: “que a cargar y que se ha acabao”. Porque en general la gente estaba pacífica, la policía hablando con ellos y demás. Pero el régimen tenía el temor de Madrid, de Sevilla,… y veían que lo de Granada era, a lo mejor numéricamente no era Madrid, pero en fortaleza y en solidaridad sí era y claro, cortaron por derecho, ¿no? Cortaron por derecho.

Fue la huida donde podías. Yo me refugié en el bar Miguel  huyendo de las balas, yo conocía a los camareros y me metí y cuando empezaron a cerrar la persiana pues vemos a un hombre, seguido de dos policías o tres detrás apuntándole con las pistolas. Estaba más cerca de nosotros que de ellos y entonces, sujetamos la persiana para pararla, lo llamamos y se vino corriendo a refugiarse allí y ya los policías se volvieron. Claro, con lo que estaba pasando, te apuntaban y es que te iban a pegar un tiro. Pues estuvimos allí un rato bastante grande hasta que, bueno, hasta que se apaciguó aquello un poco.

La represión, fue bastante grande…

A: Tres muertos, más de cien heridos, diez o doce policías también heridos… Cuando empezaron los disparos fue una estampida. Algunos intentamos hacerle cara de una forma u otra a la policía pero, claro, era a tiro limpio, ¿me explico?  El régimen entonces, las leyes eran que, bueno, cuando llegaba la cosa a determinado nivel se disparara y punto, y punto y no había otra. Aquello fue un asesinato, un asesinato premeditado, quien tenía esa autoridad era el gobernador civil.

Y sobre las mujeres, ¿qué me podrías contar? ¿Tuvieron algún papel esos días?

A: El trabajo de las mujeres entonces pues, en determinadas industrias como Puleva y tal, pero así, genéricamente era muy difícil la entrada de las mujeres en el mundo laboral (…). Las mujeres de los que estuvieron presos y mujeres del Partido, junto con en el movimiento estudiantil se involucraron mucho. Nosotros, sobre todo en la facultad de Filosofía y Letras teníamos una gran organización. En Filosofía había una organización tremenda, tremenda y en muchas otras facultades El aparato de propaganda del Partido no paraba de hacer octavillas.

Durante la huelga y posteriormente, debido a toda la represión que hubo, ¿se desarrollaron redes de solidaridad?

A: Sí, muchas. En los centros de trabajo para ayudar a las familias de los detenidos…. De esto hay una curiosidad. Por la muerte de los tres hubo una indemnización de 15.000 pesetas por parte del Estado. O sea que, una vida valía 15.000 pesetas.

Y, sí, la solidaridad fue tremenda. De  coger ayuda en dinero, ayuda en muchos aspectos (…). Además es que de esto se hizo eco en toda España. Un eco tremendo en toda España. Hubo manifestaciones de apoyo a los sucesos de Granada en Sevilla, en Madrid, en un montón de sitios, ¿no? Aquello fue sonado en el extranjero pues también, los medios de comunicación extranjeros daban la noticia.

¿Qué consecuencias crees que tuvo la Huelga del 70?

A: Hombre, las consecuencias nefastas por los muertos, sin duda cabe. Pero laboralmente, las consecuencias fueron positivas. Ya te digo que fue un buen convenio, no sé si igual que el de Madrid o más alto que el de Madrid. Y claro, eso fue un punto de referencia, donde a posteriori, otros sitios geográficos de España empezaron a pelear también, a luchar. ¿Me explico o no? Es como todo, hay un referente y dices “bueno, pues aquí, si no queremos morirnos de hambres pues tenemos que actuar”, ¿entiendes? (…) Pero fue un revulsivo, la verdad, el convenio costó mucha sangre. La gran desgracia es esa, que, por ejemplo, Remigio tenía 21 años, ¿sabes? Y tenía tres tiros en el pecho.

¿Qué experiencias rescatarías, que aún sigan siendo útiles y necesarias a día de hoy?

A: Movimientos asamblearios, debates abiertos y sacar consecuencias de esos debates. Y, en el caso del partido, ser el iniciador de los debates como hemos hablado de qué debe ser un marxista, y no tratar de llevar el protagonismo. Porque si tú quieres llevar el protagonismo, lo acaparas. No, no: que el protagonismo empiece a llevarlo la gente, que se inmiscuya, que se sienta inmersa en la lucha, que no es ni más ni menos que la lucha de ellos (…). Yo creo que ahí se demostró la gran paciencia y sapiencia del PCE y de Comisiones Obreras, bueno, eran como los mismos en un gran porcentaje, ¿me entiendes? Pero ¿por qué hace esto el partido? ¿Y por qué Comisiones Obreras? (…).

Claro, yo en Comisiones Obreras, no sé en qué acto… en la presentación de un libro supongo. Digo “claro, es que tenemos cosas muy locas los comunistas” y se miraban entre ellos y dije “es que nos dio por parir Comisiones Obreras, coño, hicimos un parto bueno”. Porque si es verdad que en la Mina de la Camocha empieza de una forma espontánea (…), es decir, “hay que reivindicar, pues a ver, una comisión de obreros, que vaya”. Pero ahí había detrás comunistas (…). Y una vez que eso ya se ha montado y empieza a caminar, pues, ahí que entren otros, nosotros no queremos el protagonismo, ni personal, ni , pero que seamos un poco el germen y que luego ese movimiento asambleario sea el que tire palante, ¿me entiendes? Crear las condiciones, que es lo que debe hacer un marxista. Y lo de Granada, sí, volvemos a repetir, fue un referente tremendo porque luego dio lugar a otros focos de huelgas y de reivindicaciones; tremendo, no solo ya en la construcción, sino en otros gremios.

La Huelga de la Construcción del 70 fue un acontecimiento muy importante, donde, además de producirse una enorme movilización y organización entre las clases trabajadoras granadinas, se mostró una gran solidaridad y sirvió de modelo para otras luchas en el resto del país. Agradecemos mucho tu testimonio, tenemos que aprovechar, la juventud, porque nos quedan pocas oportunidades para escuchar y conocer de primera mano la historia viva de nuestras ciudades, de nuestra clase. Sabemos que en esa huelga y todos esos años de lucha, estabas rodeado de camaradas y compañeros… habría que extenderles también el agradecimiento.

A: Los camaradas que estaban era gente muy destacada en la lucha obrera y muy apreciados como Pepe Cid, Luis de Rivera, el abuelito de Maracena que era José Águila su nombre (…). Los muertos eran Antonio Huertas Remigio, Cristóbal Ibáñez Encías y Manuel Sánchez Mesa. Y luego, a parte de gente que estaba directamente imbuida en el debate del convenio, pues había otra gente que, paralelamente, estaba luchando mucho. Pedro Girón, Juan Verdejo… todos estos están muertos. Luis fue el primero que murió. Juanillo Gálvez, murió muy joven; Miguel Girela, que vive, que es el curica. José López el Abuelito que también está muerto; Emilio Cervilla… este hombre desapareció hace unos años y no saben cómo desapareció, no se ha podido averiguar. Manuel Martín Legaza y un etcétera grande, ¿no? Y ya te digo, algunos de CNT también…, sería muy amplio, pero bueno, yo te hablo un poco de los que eran camaradas y aún así la lista sería interminable.

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