Se nos repite hasta la saciedad que las fiestas navideñas son fechas de encuentro con la familia, con las amistades, con las compañeras del trabajo, etc. Igualmente, estos encuentros suelen ir acompañados tanto de celebraciones en torno a una mesa como de intercambio de regalos. Sin embargo, los mismos mensajes navideños que pregonan estos mensajes se olvidan automáticamente de todas las personas que juegan un papel fundamental en posibilitar los rituales de reunión en torno a una mesa y el intercambio de regalos.

Porque si acudimos a una cena de amigas o de la empresa, y luego la prolongamos saliendo a tomar algo, hay personas que lo hacen posible trabajando en la cocina del restaurante, atendiendo las mesas y sirviendo las bebidas. Si acudimos al centro de la ciudad a comprar algún regalo, hay alguna trabajadora del transporte público que nos lleva hasta allí y dependientas que nos atienden y cobran en las tiendas. Si este año nos toca ser anfitriones de la cena de Nochebuena de nuestra familia, hay cajeras, reponedoras y pequeños comerciantes que hacen posible que compremos todos los ingredientes para la ocasión. Hasta ahí, nada que no ocurra de una u otra forma todos los días del año.

Ahora pensemos en lo mucho que se estira la apertura comercial en festivos y en los horarios especiales, pensemos también que la campaña de Navidad se prolonga al menos un mes en todo nuestro territorio. Tiendas, supermercados y restaurantes que abren de lunes a domingo desde primera hora de la mañana hasta las 22h (y luego toca reponer las mercancías) y el enorme número de establecimientos que abren los festivos de carácter estatal (6, 8, 25 de diciembre, 1 y 6 de enero) y que mantienen casi intacto su horario las noches de Nochebuena, Nochevieja y Reyes. La liberalización de los horarios comerciales es absoluta en algunas regiones (por ejemplo, en la Comunidad de Madrid, la ley permite abrir 24h los 365 días del año) y, en otras, permite abrir en domingos y festivos varias ocasiones al año sin restricciones.

En todos estos casos, esto implica jornadas maratonianas de trabajo que en los sectores del Comercio y la Hostelería superan en estas fechas ampliamente las 40 e incluso las 50 horas semanales y llevan a encadenar hasta 7 días seguidos trabajando en las grandes superficies, impidiendo disfrutar del derecho de las trabajadoras al descanso, tanto dentro de la semana laborable como el derecho a los días de vacaciones. En sectores tan precarios como los mencionados, las campañas navideñas llevan además a miles de horas extras no remuneradas, contratos temporales de duración inferior al mes y a la semana, vacaciones que no se pueden disfrutar bajo la promesa ilegal de que se van a pagar y una larga lista de atropellos. Pero además hace completamente imposible la conciliación personal y familiar.

Si la estampa predominante es el famoso anuncio de “Vuelve a casa por Navidad”, un enorme número de trabajadores en estas fechas no pueden acudir a sus hogares por no tener vacaciones, no tienen la posibilidad de juntarse con sus amigos a comer o a cenar un día festivo o de acudir a la Cabalgata o a la cena de Nochevieja con sus seres queridos por tener que trabajar.

Es por ello que no se puede sostener un modelo de celebraciones navideñas que se asienta en la explotación y la precariedad, en el consumo desenfrenado 24 horas al día durante los 7 días de la semana y en el consumo de recursos desmesurado (desde el salvaje consumo eléctrico de los faraónicos alumbramientos navideños que se instalan durante dos meses enteros y se mantienen encendidos las 24 horas del día, a la cantidad de alimentos y productos desperdiciados). Hacen falta condiciones dignas de trabajo en las fechas navideñas, jornadas laborales racionales y que se prime la conciliación vital y personal a la apertura comercial.

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