Las Jornadas Feministas Estatales, celebradas en Granada en diciembre de 2009, ponen sobre la mesa el debate sobre la unidad del movimiento feminista. Si hacemos un breve repaso histórico al recorrido del movimiento feminista en los últimos treinta años, podemos llegar a conclusiones alentadoras sobre el estado de la cuestión en la actualidad.
Una de las claves analíticas bajo las que hay que aproximarse a este tema responde al análisis concreto de la realidad española y, por lo tanto, veremos que no es específica del movimiento feminista. El contexto de re-surgimiento e implosión de los movimientos sociales en España en el proceso de transición tuvo dos consecuencias fundamentales:
.- Un primer momento de auge en el que la construcción de las identidades provocó una participación comprometida y bastante masiva.
.- Un segundo momento de fractura y falta de experiencia en la participación bajo estas nuevas “reglas democráticas”
Ambos fenómenos desembocaron en la actual configuración de los movimientos sociales. El primero les dio el impulso creador, la diversidad de iniciativas de lucha, la ilusión por la transformación del sistema; el segundo les llevó a la pérdida de estrategia, a la ausencia de visión de proceso, a la incapacidad para superar las nuevas contradicciones de lo institucional, lo que en la realidad se tradujo en múltiples fracturas y en la desarticulación bajo la falsa idea de gobierno.
Unido a esto habría que analizar el papel del PCE y su relación con los movimientos feministas. A rasgos generales, podríamos concluir que la ausencia de estrategia en este sentido y la no priorización del trabajo en el mismo como frente de masas llevó a un divorcio aún no resuelto, lo que facilitó la política del PSOE de los años ochenta de hegemonización del espacio feminista.
El primer gran encuentro masivo del movimiento feminista tuvo lugar en Madrid en 1975. Debates casi constitutivos en los que se definía la mujer como sujeto de opresión, “Ya no somos el 2º sexo”. Lo que les llevó, tres años después, en Granada, a una multiplicidad de identidades. En este contexto se da el primer desencuentro: el feminismo de la igualdad frente al feminismo de la diferencia.
Aún así esta no sería la división definitiva, pues el miedo provocado por el golpe de Estado del 23 de Febrero, hizo que el movimiento feminista volviera a reunirse, esta vez para debatir sobre la sexualidad. Sobre la dominación patriarcal a través del control de la sexualidad de las mujeres. El feminismo lesbiano, de mucho peso en España en aquella época, el feminismo de la diferencia y el de la igualdad entendieron que no había posibilidad de acuerdo con respecto a estos temas. Aunque hubo encuentros posteriores, ya no serían tan masivos y desde luego no tendrían afán unitario.
En Santiago, 1985, el sector más crítico del feminismo empieza a poner en cuestión el modelo político español. El PSOE ya está en el gobierno y el movimiento feminista no ve cumplidos sus anhelos. Institución versus Movimiento. La Unidad ya no será posible, la Coordinadora Estatal del feminismo defiende la acción y organización desde la calle, mientras que ciertas personalidades del movimiento feminista habían decidido que la lucha estaba en las instituciones. Dos años antes se había creado el Instituto de la Mujer.
Dos encuentros previos al del Granada se sucederán: Madrid 1993 y Córdoba 2000. Siendo mucho menos numerosos y en un ambiente de mucha fractura y confrontación.
En las Jornadas Feministas de Granada 2009 se desarrollaron dos debates principales: por un lado, el debate sobre las identidades, y por otro, el debate desde la economía feminista.
Un encuentro masivo (más de 3000 mujeres) en el que se defendía, por parte de muchos sectores, empezar a repensar la estrategia del movimiento. La necesidad de construir espacios de convergencia que den un impulso a la lucha feminista.
Los debates sobre la economía feminista han demostrado posibilitar un espacio de encuentro con muchas posibilidades. La oportunidad, para empezar, de articular discursos donde los distintos feminismos puedan, a pesar de sus divergencias, sentirse cómodos y representados. En este marco el feminismo marxista se vuelve más pertinente que nunca, siendo tarea de las comunistas recuperar y trabajar en ese frente que se nos presenta como uno de los movimientos sociales sectoriales con más potencialidad de movilización en el Estado español.









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