Ya existe ubicación para la instalación del ATC: será en la localidad conquense de Villar de Cañas según lo aprobado en consejo de ministros, terminando así con meses de espera por las comarcas candidatas. Un ATC es un “almacén temporal centralizado”, siempre que entendamos como temporal un período de cientos de años, a donde van a parar residuos radiactivos de alta actividad proveniente de varias centrales nucleares. Es difícil explicar entonces cómo un pueblo de 448 habitantes está contento con tal decisión ministerial si hacemos comparación entre los pros y los contras.
Entre los beneficios para esta pequeña localidad destaca la previsión de creación de puestos de empleo y una importante inyección de dinero a su Ayuntamiento. Ahora veamos los contras: Lo primero y más evidente es el riesgo que supone para la salud pública cualquier instalación nuclear, un riesgo que sufrirán centenares o miles de generaciones. Dicho riesgo no sólo se localiza en un punto concreto donde se llevan a cabo las labores de almacenamiento, ni tan siquiera únicamente en el término municipal, la radiación afecta a una extensa zona donde puede haber varias comarcas, con localidades donde sufran las consecuencias de la radioactividad pero sin creación de empleo y sin ingresos extra. En este sentido no podemos obviar otro riesgo que supone el transporte de los residuos hasta el ATC. Villar de cañas se encuentra a unos ocho kilómetros de la A-3, autovía que une Madrid con el Levante, para el transporte los residuos atravesarán provincias enteras y pasarán cerca de pueblos y ciudades. La radioactividad como hemos visto durará cientos de años, sin embargo las instalaciones del ATC caducarán dentro de sesenta años, la pregunta es evidente ¿Qué pasará entonces con los residuos y con la salud de los habitantes de la zona?, dinero y empleo para hoy, pero material radioactivo descontrolado mañana.

De momento no se sabe qué tipo de instalación será necesaria. Si no sabemos cuándo cierran las nucleares no sabemos cuántos residuos vendrán a Villar de Cañas, ni que tamaño tienen que tener las instalaciones.
La rápida decisión del gobierno viene dada por la presión de las grandes compañías eléctricas y de la industria nuclear, no olvidemos que la gestión de las centrales nucleares es privada, sin embargo la gestión de sus residuos la gestiona la empresa pública ENRESA. Esto es como si una industria cuyos residuos contaminasen un cierto río, tuviese detrás un organismo público que limpiase sus desechos contaminantes mientras la empresa privada que los genera se dedica a contabilizar beneficios sin preocupación alguna del daño medioambiental que produce.
Castilla – La Mancha es además una comunidad autónoma exportadora de recursos materiales y humanos e importadores de basura. Un recurso tan importante como el agua para consumo humano y agrario es expoliado al levante español, donde se usará para campos de golf y urbanizaciones lujosas que sólo unos pocos pueden permitirse. Una buena parte de nuestra juventud más cualificada acaba también fuera de Castilla-La Mancha al acabar la carrera. Por el contrario la basura nuclear quedará lejos de tales lugares pare instalada precisamente aquí, una región que debe resistirse a ser el basurero nuclear de todo el Estado.
Villar de cañas albergará el ATC 













