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“Preparen sus almas, porque sus cuerpos ahora nos pertenecen”. Tropa de Élite (2007; del director José Padilha) es una película difícil de olvidar. Basada en un libro del sociólogoLuiz Eduardo Soares, trata sobre los BOPE (o Batalhão de Operações Policiais Especiais), las brigadas de élite de Brasil (equivalentes a las SWAT usamericanas o los GEO del estado español) y de uno de sus capitanes, Nacimento. A través de una voz en off de este capitán, la película relata los preparativos de esta unidad ante la visita del Papa a las favelas de Río de Janeiro, al mismo tiempo que prepara su salida de los BOPE y necesita elegir y preparar a su sucesor.

Esta película, junto a Ciudad de Dios es una de las películas brasileñas centradas en la vida de las favelas más internacionalizadas, si bien el espíritu pesimista, filosófico y trágico de Tropa de Élite se asemeja bien poco a la, también dura, ironía de Ciudad de Dios. Dos caras de una misma realidad trágica en la que una nos relata la vida de las favelas desde el punto de vista de sus habitantes y otra desde los agentes represores externos. El éxito de esta película le hizo valedora de una segunda parte, tan lograda como la primera parte y que merecerá una entrada aparte.

Pero Tropa de Élite trata sobre algo más que la cotidianeidad de las favelas y la tensión continua entre los habitantes de los barrios, las mafias constituidas en ellas y el papel del Estado en el mantenimiento de este sistema. Se trata de una reflexión sobre el poder, la corrupción, la represión física e ideológica y los entresijos de los aparatos ideológicos del estado en su labor para normalizar la explotación y la corrupción inherente a la lógica del sistema; en este caso, las favelas controladas por la mafia de las drogas. Es también una disección de las instituciones estatales corruptas del sistema político de Brasil; mientras que esta primera parte se centra en la policía, la segunda tiene como eje central el entramado político. Un sistema (que bien podría ser el de muchos otros estados-nación actuales) frágil y lleno de tensiones internas que requiere de unidades represoras como los BOPE para sostenerse; la visita del Papa es la excusa, pero ni siquiera llega a verse en la película, reflejando con ello que la causa es lo mismo, es el sistema el que está podrido. Dos escenas sintetizan bien las intenciones de la película; por un lado, una clase de filosofía en la que se discute en torno a Vigilar y Castigar de Michel Foucault (una elección poco sutil) en el que se muestra la tensión entre la ideología dominante normalizadora (representada en el personaje de Matías, el posible sucesor de Nacimento) y una ideología crítica pero incapaz de enfrentarse a ese poder represor (representado por los alumnos bien intencionados de la Universidad). La otra escena, brutal en todos los sentidos, relata el entrenamiento de los BOPE, en el que se muestra la deshumanización de los cadetes como única forma de poder convertirlos en máquinas represoras. Una escena que recuerda a toda la primera parte de La Chaqueta Metálica de Stanley Kubrick; en ambas, los soldados pierden sus auténticos nombres como forma para eliminarles como sujetos y así moldearles a imagen y semejanza del poder y el sistema por el que dicen servir. Directa y brutal, Tropa de élite es una película que no dejará indiferente.