Publicado en el número 18 de Agitación

Pudiera parecer que la juventud está más sensibilizada ante el problema de la violencia de género y que sería el sector en el que más se estuviera reduciendo. Pero más lejos de la realidad, lo cierto es que la violencia de género aumenta preocupantemente entre la juventud.

No podemos hablar del aumento de la violencia de género en jóvenes sin antes analizar cómo estos entienden o consideran la igualdad entre hombres y mujeres. Según CC.OO, casi un 25% de los jóvenes entre 18 y 30 años consideran que son las mujeres quienes deben reducir su tiempo de trabajo para las tareas del cuidado de los hogar e hijos. ¿A qué se debe este pensamiento? Porque aquí no estamos hablando exclusivamente de una educación sexista que ha pasado de generación en generación, sino que estamos ante una serie de circunstancias que influyen de manera atroz y directa en las relaciones de las personas adolescentes. Asistimos al bombardeo constante de los medios de comunicación o de las series cinematográficas que refuerzan la idea de que el futuro de las mujeres está en pasar por el amor romántico, una idea que encierra algo más que el simple enamoramiento, una idea que protege la subordinación doméstica de las mujeres.

Las mujeres aprendemos a aceptar que el sufrimiento es parte inevitable del amor y para que esto perdure, también se ejerce sobre nosotras una gran presión que nos hace creer que la existencia de una mujer por sí sola es difícil. Es por ello que estamos dispuestas a tolerar cualquier cosa por amor. Aceptamos insultos, abandonamos nuestros sueños, nuestras redes sociales y familiares y abandonamos nuestra libertad. Percibimos nuestra relación en términos de propiedad y dejamos de ser nosotras, para ser la pareja de alguien. Alguien a quien también tengo que poseer, porque eso es el amor romántico, no es más que el reflejo del miedo a la soledad y a la falta de identidad personal. Y es que el amor romántico es la herramienta más poderosa para controlar y someter a las mujeres, más poderosa que las leyes si cabe.

El mundo podría ser mejor, como decía Germaine Greer, si logramos establecer un modelo de amor no posesivo que pusiera fin a las relaciones que comprometen las propias necesidades o que fuerzan a otros a comprometer las suyas propias. Pero para una relación en términos de igualdad se necesita algo más que una naturaleza no posesiva. Necesitamos un cambio cultural que promueva una educación igualitaria para niños y niñas, asícomo políticas efectivas que persigan y erradiquen de una vez la violencia de género y el terrorismo patriarcal trabajando, no solo con las víctimas, sino también con los hombres en términos de prevención y tratamiento. Debemos luchar para acabar con los estereotipos y roles de género con el objetivo de conseguir un cambio social, cultural y económico que nos ayude a alcanzar una igualdad real.