El entretenimiento es la retaguardia de la batalla de las ideas. En un debate podemos estar con las orejas de punta, sin que se nos escape ni un hilo suelto de una argumentación. Pero en el sofá, delante de la televisión, del ordenador, o en el cine, la cosa cambia.

Cuando nos relajamos y decidimos disfrutar de un producto cultural por el mero hecho de pasar el rato aflora el “sentido común” que llevamos dentro. Solemos dejarnos llevar y de forma acrítica nos reímos o lloramos. Nos atrapan las historias que vemos y oímos. Para analizar las formas que nos llevan a emocionarnos contamos con la crítica cultural, algo que desde la tradición marxista se cultivó mucho y tras un tiempo de olvidarla, se va progresivamente retomando.

Desde el feminismo también se viene haciendo una labor de crítica cultural. La construcción social del género, con roles opresivos
para la mujer, se lleva a cabo desde múltiples facetas de la vida. Los cuentos, los juguetes, los anuncios, han sido objeto de crítica (en el sentido clásico de enjuiciar) desde una óptica feminista. El cine, como uno de los campos destacados de entretenimiento y transmisión de valores culturales, también ha sido algo que observar con “lentes moradas”.

El Test de Bechdel

Cuando desde el feminismo se analizan los productos audiovisuales, lo primero que se descubre es que, en la mayor parte de las películas no existe una verdadera representación de las mujeres. Cuando la mitad de la población mundial son mujeres, resulta que en las historias que nos cuentan el cine y las series cuentan con un bajísimo número de mujeres entre sus personajes. Igual que en muchas películas aparece un personaje negro, para camuflar la bajísima representación racial en ellas. Así, al hilo de una tira cómica publicada en 1983 (Unas bollos de cuidado, Alison Bechdel), se utiliza el llamado Test de Bechdel para analizar si existe un mínimo aceptable de representación femenina. Consiste en tres sencillas reglas: (1) debe haber al menos dos personajes femeninos con nombre; (2) dichos personajes deben entablar una conversación a lo largo de la historia; y (3) esa conversación no puede tratar sobre un personaje masculino, sea cual sea su relación con los personajes femeninos.

Al aplicar unos requisitos tan poco exigentes a la mayor parte de los productos audiovisuales, vamos a comprobar que las mujeres apenas tienen una representación en ellos. Una formulación posterior de este test es la que hace Anita Sarkeesian, quien añade una
cuarta regla, por la que los personajes han de interactuar al menos durante 60 segundos. Películas como Pulp Fiction, Los piratas del caribe, Desayuno con diamantes o la trilogía de El señor de los anillos, son algunos de los cientos de ejemplos de películas que no aprueban este test.

El principio de pitufina

El caso extremo de esta ausencia de mujeres es lo que Katha Pollitt denominó en 1991 el Principio de Pitufina. Esta escritora alertaba sobre la falta de series infantiles con protagonistas femeninas. Pero si pensamos, el principio, es aplicable a muchas películas. Consiste en que los personajes sean de manera abrumadoramente mayoritaria masculinos, solo contrapesados por un personaje femenino que es el contrapunto moral a todo el elenco, frecuentemente utilizado para generar tramas románticas. Nunca es la heroína y en muchas ocasiones es alguien a quien salvar. Hay muchos ejemplos de este principio. Además
de la serie infantil de Los Pitufos animada por Hanna-Barbera y basada en el cómic de Peyo, es el rol de la Princesa Leia en Star
Wars, o Adriane en Origen, así como series infantiles como Looney Tunes, Las Tortugas Ninja o Los Teleñecos.

La mujer fatal

Las mujeres tienen en el cine (en líneas generales) una serie de papeles pautados, reducidos a un catálogo de convenciones, una lista de posibilidades muy escueta a la que los papeles femeninos se adaptan una y otra vez. Dentro de este catálogo, por su trayectoria y profusión, podemos destacar el de la mujer fatal. Con una sexualidad muy acusada y muy objetualizada, este personaje en cuyos desnudos se recrea la cámara, arrastra al personaje masculino a los infiernos. Instinto básico, El Ángel azul o Fuego en el cuerpo son algunas de las películas que recrean este arquetipo.

Hasta aquí esta breve introducción al análisis de género de los productos audiovisuales. El panorama es complejo, y nada favorable a los intereses de la emancipación femnista. No obstante, las herramientas de crítica son cada vez mayores y empezamos a ver realizaciones que consiguen hacerse cargo de representaciones correctas de sexo, raza y clase. Y todo esto sin caer en el panfletismo que no llega a grandes capas de la población, sino entreteniendo y haciendo de retaguardia de análisis de género desde coordenadas feministas, como es el caso de la serie ambientada en una cárcel de mujeres Orange is the new black.