Homenaje al 97 aniversario del nacimiento de Marcos Ana

Marcos Ana es la dignidad personificada del ideal por el que tantas empezamos a militar en esta organización. Es la idea romántica de la voluntad inquebrantable por el ideal más bello que el ser humano puede soñar. Es renunciar a una vida sin pedir nada a cambio, nada material al menos. Pero sí que hay por lo menos una cosa que le debemos a Marcos, una deuda que todas y cada una de nosotras tenemos con él: seguir su ejemplo.

Pasó 22 años de su vida encerrado en varias cárceles a lo largo y ancho del Estado, fue torturado, vejado, aislado, vio amigos suyos morir asesinados.

Sin embargo, jamás perdió la voluntad y jamás perdió la alegría que proporciona saber que tus convicciones son las correctas; que luchas no por un objetivo individual sino por un ideal colectivo, un ideal de clase, que haga este mundo más hermoso. Y él lo hizo.

Tal vez le recordemos por ser el preso que más años paso en prisión durante el franquismo pero cualquiera que le haya conocido, que le haya leído, que haya visto sus entrevistas, sabe que si por algo se caracterizaba Marcos Ana era por crear belleza, por construir con cada una de sus palabras y de sus acciones un mundo más bello, más justo y más igualitario.

Por eso no era capaz de albergar odio hacia sus captores; porque ellos no eran su enemigo. Su enemigo era el sistema capitalista que le oprimía a él y oprimía a los suyos, a todas y cada una de las personas que se levantan por las mañanas a trabajar y se ven obligadas a soportar las opresiones de este sistema. Marcos lo vio, lo vivió, lo sintió desde muy joven; y fue capaz de convertir esa lucha en algo hermoso.

Así que sí, tenemos una deuda con él. Una deuda de por vida que deberá pasar de generación en generación. La de vengar a Marcos de quien fue su auténtico opresor, el mismo que el de nuestras madres y padres y el mismo que el nuestro.

Una deuda de luchar con voluntad inquebrantable, con la belleza que puede entender solo quien ve a su clase empoderarse día a día; con la dignidad de no bajar la cabeza en las derrotas, sino la de levantar la de nuestras compañeras, porque nuestro paso es corto, pero nuestra mirada larga; y, por supuesto, con la alegría que produce luchar por el ideal más hermoso que se pueda concebir: el ideal comunista.