Los y las comunistas estamos acostumbradas a que cada cierto tiempo los voceros del sistema griten que el marxismo ha muerto y que hay que enterrarlo hondo para que nadie lo desentierre y amenace con desestabilizar de nuevo el orden vigente. Es curioso que sean los mismos sujetos y grupos que desean tan desesperadamente la muerte de Marx y del comunismo los que, al mismo tiempo que hacen el papel de enterrador, reprimen con mayor virulencia sus ideas y su organización. Y es que a alguien que está muerto no hace falta volverlo a matar… a no ser que realmente no lo esté. No es la muerte del marxismo lo que es real, pero sí el anticomunismo, que es lo que reflota cada cierto tiempo, ya sea a través de la burguesía, los reformistas o de los oportunistas. Una de las curiosidades históricas del comunismo es que su crecimiento y fortalecimiento viene siempre acompañado por un crecimiento y fortalecimiento paralelo del anticomunismo, sea cual sea su expresión.

Hace 55 años, los y las comunistas vivimos uno de esos terribles episodios de anticomunismo utilizado por la burguesía para desmantelar la organización de la revolución. El 9 de febrero de 1950, Joseph McCarthy, senador usamericano por el Estado de Wisconsin, pronunció un discurso en el club de mujeres republicanas de la ciudad de Wheeling, en Virginia Oeste. En este discurso, el senador McCarthy decía tener una lista de 205 personas miembros del Partido Comunista trabajando dentro del gobierno de Estados Unidos de América, si bien este número fue variando, muy sospechosamente, en las declaraciones posteriores del senador. La prensa prestó especial atención al senador, catapultándole a la fama y haciéndose eco de sus proclamas anticomunistas.

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El senador Joseph McCarthy

La fama de McCarthy, el apoyo del gobierno ultraconservador de Harry S. Truman y la paranoia anticomunista de las élites usamericanas desataron una increíble oleada de actos de represión contra la sociedad civil y contra el Partido Comunista en lo que el periodista Alistair Cooke llamó “una generación sometida a juicio”. Para ello se utilizaron diversas instituciones represivas, como fueron el FBI de Edgard J. Hoover, la recientemente creada Central Intelligence Agency (CIA) o el tristemente famoso Comité de Actividades Anti-Americanas, creado en 1938 para detectar espías nazis en EEUU pero ahora utilizado como arma arrojadiza contra los derechos civiles de la clase trabajadora de EEUU.

Fueron muchas las actividades represivas y de naturaleza muy diversa. Tal vez uno de los episodios más conocidos fue la lista negra de Hollywood o los “diez de Hollywood”, un intento de depuración de aquellas personas dentro del mundo del cine que habían mostrado simpatía con las ideas comunistas o simplemente no las criticaban abiertamente. Estas acusaciones afectaron a conocidos representantes del mundo de la cultura, como Charles Chaplin, Luis Buñuel, Bertolt Brecht, Albert Einstein o Dalton Trumbo, el guionista de la película “Espartaco” y simpatizante del Partido Comunista. Sin embargo, la caza de brujas también tuvo como consecuencia el arresto, el interrogatorio indiscriminado y la violación de los derechos fundamentales de cientos de personas, sin contar algunas ejecuciones, como el del matrimonio Rosenberg, militantes del Partido Comunista acusados de pasar el secreto de la bomba atómica a la Unión Soviética. Igualmente, la cruzada de la caza de brujas afectó de forma muy notoria a los y las homosexuales, que fueron expulsadas sistemáticamente de las instituciones. La paranoia del senador le llevó a acusar a la propia UNESCO de comunista.

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Propaganda anticomunista

 

Pero sería el Partido Comunista el que más sufriría las consecuencias de la caza de brujas desatada por McCarthy. Y es que no hay que olvidar que los hechos históricos ocurren en contextos sociales y políticos determinados. Los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial vieron como el campo socialista y las ideas del comunismo se extendían como la pólvora, amenazando con hacer estallar el barril del mundo capitalista. En 1949, la Unión Soviética había probado públicamente la bomba atómica. En 1950 se había producido la revolución en China, estallando ese mismo año la Guerra de Corea, en la que una victoria comunista hubiera generado un Asia mayoritariamente socialista. Asimismo, en Indochina, Filipinas y en varias partes de África se desataron numerosos conflictos antiimperialistas contra la presencia usamericana. En este contexto, el anticomunismo de los Estados Unidos de América se convirtió en un instrumento esencial para el control de la hegemonía capitalista, actuando de iure en todos los países que fuera necesario a través, por ejemplo, del Plan Marshall, o de facto con intervenciones directas, como en Italia o Grecia, o pactando con las dictaduras anticomunistas, como en España. Pero también tuvo que actuar hacia el interior; el mccarthysmo se basó en la idea de que las derrotas norteamericanas en el exterior solo podían deberse a la filtración de información a la URSS desde el interior del país. Idea que el gobierno de EEUU explotó como forma para desmantelar el creciente poder social y político del Partido Comunista.

El Partido Comunista de los Estados Unidos de América (CPUSA) se fundó en 1919 al calor de la Revolución Rusa, en el seno del Partido Socialista de América, con el que rompieron definitivamente. Bajo la dirección de Gus Hall o William Z. Foster, y tras sufrir varios períodos de represión, durante los años 30 y 40 creció de forma exponencial, llegando a los 80000 afiliados y a ser uno de los referentes políticos más importantes de la clase trabajadora usamericana, sobre todo en el mundo sindical. El desarrollo de la caza de brujas le permitió a McCarthy y al gobierno desarticular el CPUSA. A lo largo de finales de los años 40 y en los años 50 se aprobaron varias leyes de corte anticomunista que incluyeron intentos directos de ilegalización del Partido Comunista. En marzo de 1947, por ejemplo, el presidente Truman proclamó el “Decreto 9835”, que permitía la investigación de la lealtad de los empleados federales y que afectó a 6,6 millones de personas entre 1947 y 1952. En los inicios 50 se publicaron varias leyes que restringían directamente la actividad comunista o prohibían la entrada a comunistas al país y ya en 1949 se había aprobado la ley Taft-Hartley, que restringía enormemente la actividad de los sindicatos. Incluso en 1950 se planteó seriamente la creación de campos de concentración para los disidentes comunistas. Desde 1949, hasta 144 de los líderes del CPUSA fueron arrestados y acusados de violar la Smith Act, una ley contra las actividades subversivas. Este juicio sirvió no solo para desarticular el aparato del partido sino para recabar información sobre sus militantes, actividades y cuentas. Al final del proceso, en 1958 y sumado a los problemas internos, el partido quedó totalmente diezmado.

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Símbolo del CPUSA

 

El mccarthismo había logrado su propósito de desarticular el movimiento obrero. Para 1954, el senador McCarthy había ido demasiado lejos y el propio presidente Eisenhower le acabó por detestar en secreto. McCarthy intentó extender su paranoia persecutoria hasta las altas instancias militares, pero esto fue ir demasiado lejos. Por otro lado, el senador se había granjeado demasiados enemigos en todos los frentes, incluida la prensa. El reportero Edward R. Murrow, famoso por su coletilla “buenas noches y buena suerte”, y que fue retratado en la película de ese mismo nombre, inició una intensa campaña contra el senador desde la televisión para desarticular lo que consideraba un abuso de los derechos civiles fundamentales. En 1954 el senador McCarthy fue censurado, pero únicamente era la punta del iceberg de la reacción anticomunista con el que la burguesía defiende su poder ante las amenazas.

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Panfleto anticomunista titulado “100 cosas que debes saber sobre el comunismo”

 

La historia oficial escribirá que el mccarthysmo fue algo puntual, una irregularidad dentro de un mundo liberal defensora de los derechos civiles. Es verdad que el mccarthysmo fue únicamente un hecho puntual, muy vistoso, pero también fue el aspecto más visible de una profunda corriente anticomunista generada desde el propio inicio del movimiento obrero. Si el comunismo supone la superación del sistema capitalista, el anticomunismo es, en cualquiera de sus vertientes, más o menos amables y más o menos represivas, un intento de mantener y legitimar el statu quo, basado en la propiedad privada y en la explotación. En la actualidad se puede ver en la manipulación informativa en la actualidad sobre países socialistas como Cuba o Venezuela, la ilegalización de los partidos comunistas en Europa y su equiparación con el nazismo, el asesinato de comunistas en Colombia, Ucrania o Indochina… Es en el momento en que el sistema de explotación se intenta subvertir cuando la burguesía utiliza cualquier instrumento a su alcance (McCarthy, el fascismo, el patriarcado…) para detener el avance del socialismo. Entender los mecanismos estructurales del anticomunismo es, sin duda, una poderosa herramienta para combatirlo. Buenas noches y buena suerte.

Para saber más: ZINN, HOWARD (1999) La otra historia de los Estados Unidos (desde 1492 hasta hoy). Hiru: Hondarribia.

GRANT, Susan-Mary (2014) Historia de los Estados Unidos de América. Akal: Madrid.