La historia de la humanidad es la historia de la maldad de las mujeres, o de cómo una superestructura histórica nos ha convencido de ello. Ya nos avisaron los clásicos: no puede haber fe en ellas.

Nos remontamos a la mitología griega, uno de los métodos de agit-prop contra todo aquello que no fuese un ciudadano varón y de la polis. Clitemnestra es una ficción que rompió con la norma: inteligente, celosa, infiel, masculinizada, vengativa, desafió a su esposo cuando quiso vender y sacrificar a su hija (no olvidemos que somos simples mercancías que son propiedad del pater familias). Las comparaciones son odiosas, más aún cuando observamos un Aquiles, asesino, promiscuo, vengativo, celoso, e irracional, uno de los mayores héroes de la mitología, y Clitemnestra, una de las grandes criminales. También pareció sensato criminalizar  a Medea, una mujer inteligente, luchadora, consciente de que la opresión de la mujer, y bruja. No te puedes fiar de una mujer así, podría cuestionar tus privilegios. De nuevo cumple el tópico de los celos, llegando a asesinar a sus hijos por venganza.