El 30 de octubre de 1910 nace en Orihuela Miguel Hernández, en el seno de una familia de pastores. Brevemente escolarizado, se ve obligado a dedicarse a tiempo completo al oficio de cabrero a los 15 años. A partir de ese momento, desarrolla una pasión autodidacta por la poesía y la literatura que le lleva a leer y escribir en los ratos libres que tenía trabajando en el monte. Se dan a conocer sus primeros poemas, en periódicos y gacetas locales, y en 1933 ve la luz su primer libro, “Perito en lunas”.

A partir de ese momento, se hacen más frecuentes sus participaciones en revistas literarias de ámbito estatal, y entabla relación con algunos de los principales referentes literarios y culturales de la época. En particular, mantiene una estrecha amistad con Pablo Neruda, quien le introduce en el marxismo. Su poesía se va cargando de compromiso social, y participa en las Misiones Pedagógicas de la República.

Con el estallido de la Guerra Civil, se afilia al Partido Comunista de España y participa desde sus inicios en el 5º Regimiento, donde ejerce labores políticas y de propaganda. Destacan sus estancias en el frente, en Teruel, Jaén y Extremadura, en las que compone algunos de los poemas de guerra, que se publican en El Mono Azul y otros diarios. Ese estrecho compromiso con la lucha militar contra el fascismo le lleva a conectar desde un principio con los soldados del Ejercito Popular y con las masas republicanas y antifascistas. Participa activamente en el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, donde participan los principales referentes literarios de Europa y Latinoamérica.

Con la victoria del franquismo en la Guerra, es condenado a muerte y comienza su periplo por las cárceles del país, donde las tropas franquistas recluían en penosas condiciones a trabajadores, soldados, y mujeres que habían defendido a la República. Escribe en ese trance sus poemas más desgarrados, que se salvan gracias a las cartas y los escritos que puede escabullir de las prisiones. Finalmente muere, enfermo de tifus y tuberculosis, en marzo de 1942.

Si algo atraviesa completamente la obra y la vida de Miguel Hernández es, sin lugar a duda, la integridad y la coherencia entre sus poemas y sus acciones. El compromiso de poner sus habilidades literarias al servicio de la causa antifascista durante la Guerra, y de marchar al frente sin eludir sus responsabilidades como militante comprometido con las causas del Socialismo y de la Libertad.

 

FRAGMENTO DE LLAMO A LA JUVENTUD

Sangre que no se desborda,
juventud que no se atreve,
ni es sangre, ni es juventud,
ni relucen, ni florecen.
Cuerpos que nacen vencidos,
vencidos y grises mueren:
vienen con la edad de un siglo,
y son viejos cuando vienen.

La juventud siempre empuja
la juventud siempre vence,
y la salvación de España
de su juventud depende.

La muerte junto al fusil,
antes que se nos destierre,
antes que se nos escupa,
antes que se nos afrente
y antes que entre las cenizas
que de nuestro pueblo queden,
arrastrados sin remedio
gritemos amargamente:
¡Ay España de mi vida,
ay España de mi muerte!

 

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