Esta semana se ha desatado un conflicto en la región de Madrid, tras el anuncio por parte del gobierno autonómico que se iba a confinar a determinadas zonas de barrios y municipios obreros del sur y el este de la región. Este confinamiento no supone en nigún caso un refuerzo del transporte, de los servicios públicos de esas zonas o en general, cualquier medida con un impacto real en la protección frente al virus. Únicamente se opta por multar, reprimir y establecer puntos de control como si de una zona fronteriza se tratase. Se restringe cualquier posibilidad de ocio no lucrativo (se cierran los parques infantiles mientras se mantienen abiertas las casas de apuestas, se prohíbe pasear o hacer deporte entre zonas confinadas etc.) además se impone un toque de queda a los bares. Por otra parte, se permiten los desplazamientos para cumplir con todas las obligaciones laborales, las citaciones judiciales, en el horario previsto habitualmente. Es decir, se reduce a la clase obrera de esos barrios a ejercer su trabajo, a generar beneficios para las clases propietarias, que no tienen ningún tipo de restricción.

Todo esto, a pesar de la imagen generada en los medios y las redes sociales sobre la máxima responsable de estas medidas (la presidenta Isabel Díaz Ayuso), no son ocurrencias infundadas, ni medidas a la desesperada. Son opciones conscientes, de clase, pero de la clase propietaria. Se mantiene a todas las trabajadoras activas para servir cañas en el Barrio Salamanca, pero se les prohíbe tomarse una caña o salir al parque en sus propios barrios. Que no sea una ocurrencia casual se demuestra comparando el mapa de las zonas confinadas (o no confinadas pero con alta incidencia acumulada de la COVID19) con distintos parámetros:

Mapa de las zonas actualmente confinadas en la región(fuente ABC) y en la ciudad (fuente El País)

Estas zonas coinciden con las zonas con menor renta media de la capital (fuente Paisaje Transversal)

También coincide con las zonas con menor esperanza de vida al nacer (fuente paisaje transversal)

Y en términos de propagación de la pandemia, coinciden igualmente con las zonas en las que la media de metros cuadrados de vivienda por persona es menor (fuente paisaje transversal)

En definitiva, la diagonal que atraviesa las vidas de las madrileñas es la que explica la localización de las zonas confinadas

Y es que la ciudad de Madrid y la región están diagonalmente atravesadas por una línea que no solo expresa diferencias evidentes de renta, esperanza de vida etc. Sino que además condiciona directamente la capacidad de acceso a servicios públicos esenciales como la Sanidad. Y es que no existen ocurrencias en el modelo de región madrileña, 25 años de proyecto neoliberal salvaje no solo han conseguido acentuar y cristalizar las enormes diferencias entre los barrios y municipios obreros y el centro y el norte de la región. Han construido además cierta hegemonía ideológica, que permite a la presidenta de la Comunidad afirmar que el problema de la pandemia no es el contagio masivo al que está condenando al sureste de la región, sino que esto es consecuencia de “la forma de vida de los inmigrantes”, o que la COVID19 no está generando situaciones de extrema necesidad en las familias trabajadoras, sino que la pandemia genera problemas de “delincuencia, okupación y problemas relacionados con los menores migrantes no acompañados”.

Y es que en esas palabras racistas, clasistas y claramente reconocibles en el discurso ultraderechista de Trump o Le Pen, se deja entrever el fundamento de su confinamiento de clase. Aprovecha una situación de emergencia sanitaria para introducir controles policiales, e incluso presencia militar, en los barrios obreros de la región. El jueves 24, en una de las masivas concentraciones de rechazo a estas medidas que se han sucedido en las distintas zonas confinadas, se produjeron cargas policiales precisamente frente al parlamento autonómico madrileño, situado en una de las zonas confinadas de Vallecas. Y así, poco a poco, y de forma absolutamente intencionada, tratan de tapar el hecho de que privatizaron a dedo el servicio de rastreadores de la pandemia o que después de privatizarlo buscaron trabajadores “voluntarios”, que ejerciesen ese trabajo de forma gratuita y sin ningún tipo de reconocimiento laboral. Intentan tapar el hecho de de que mantienen cerrados 76 centros de atención primaria (algunos incluso en las zonas con mayor incidencia de la COVID19) o de que en muchos otros la plantilla está por debajo de la mitad necesaria. Y frente a la emergencia social y sanitaria que se está viviendo en la región de Madrid, Ayuso responde con el clásico discurso de “Ley y Orden” y solicita la presencia de cientos de policías y militares, al tiempo que aumenta las zonas confinadas en barrios y municipios obreros. Mientras tanto, el pueblo de Vallecas, de Carabanchel, de Parla o de Fuenlabrada (entre otras zonas) se concentra y se manifiesta, manteniendo todas las medidas de seguridad sanitaria, demostrando que pueden pretender confinar esas zonas, pero que la dignidad del sureste madrileño no va a poder ser confinada jamás, y que por sus calles, a pesar de la pandemia, brota a mares la conciencia y la solidaridad de clase.

Notas

Los mapas incluidos, así como otros de gran interés para analizar la incidencia de la COVID19 y su relación con las condiciones materiales de vida en Madrid: https://paisajetransversal.org/2020/05/cartografias-del-confinamiento-madrid-covid-19-coronavirus-mapas-urbanismo-ciudad/

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