Ante el aumento de la precariedad laboral que sufre el personal de limpieza del Departamento de Educación de la Comunidad Autónoma Vasca, las trabajadoras decidieron iniciar un paro, hacerse visibles y comenzar a batallar. Sin embargo, en cuestión de minutos, el Gobierno Vasco dinamitó su derecho legítimo a la huelga.

Al igual que en años anteriores, las trabajadoras de la limpieza comenzaron a realizar distintas acciones a principios del curso en los distintos centros educativos. Todos los jueves a las 7:30 de la mañana, estudiantes y trabajadoras cortábamos los accesos a las universidades, hasta que llegaba el desalojo de la policía. Entre la lluvia, el frío, el silencio y las miradas que escondían cierta complicidad de clase, se consiguió que un trabajo feminizado e invisibilizado empezará a resonar en la cabeza de toda la comunidad educativa. Las acciones habían logrado su objetivo, y el Departamento de Educación accedió a reunirse con las trabajadoras subcontratadas. Tras esa reunión, se fijó otra en la que acudirían las empresas adjudicatarias para negociar, pero estas no se presentaron. La mesa de negociación se dio por rota. Ante esta situación, las trabajadoras decidieron emplear la herramienta más útil en manos de la clase trabajadora y comenzaron una jornada de 5 semanas seguidas de huelga desde el 2 de marzo.

La huelga estaba planteada de tal manera que, tras la primera semana, los centros educativos llegaran a tener dificultades para impartir la docencia. Y así fue. Distintos agentes estudiantiles junto con las trabajadoras de la limpieza participamos en distintos piquetes (cortar carreteras, ensuciar los centros educativos, colapsar el rectorado…) que no dejaba indiferente a nadie. A medida que pasaba la primera semana, el número de agentes sociales que se hacían partícipes del conflicto aumentaba. Sin embargo, no tardaron en aparecer críticas a la huelga, y el poder hegemónico del PNV empezó a mover sus tentáculos para desequilibrar la balanza: el rectorado de la UPV-EHU se limpiaba las manos ante el conflicto mientras criminalizaban mediante comunicados a los estudiantes y las trabajadoras, y concedían permisos para que la Ertzaintza entrase con los furgones a las universidades. A su vez, EITB seguía con la labor de criminalización y lavado de cara al Gobierno Vasco. Sin embargo, a medida que se hacía la campaña contra el conflicto, aumentaba el número de gente involucrada en el mismo.

Una semana antes de comenzar la huelga, UGT se desvinculó y salió de la intersindical por motivos electoralistas. Para sorpresa de todo el mundo, el sindicato sacó un comunicado «apoyando» a las trabajadoras de la limpieza mientras criminalizaba los actos que se llevaban a cabo y tachaba a los estudiantes de «mercenarios radicalizados». El 9 de marzo, mientras las trabajadoras de la limpieza celebraban una asamblea para hacer un balance de la huelga, decidieron realizar una pequeña acción llenando de basura el pasillo donde se encontraba la sede de UGT en la universidad, para mostrar el rechazo hacia la criminalización del aliado principal de las huelguistas, las estudiantes. Media hora después UGT sacaba otro comunicado denunciando los hechos y acusando al estudiantado de haberlo cometido. Una vez más, el cinismo inundaba la actitud de los sindicalistas de UGT.

Para sorpresa de todos, un nuevo agente irrumpió en el conflicto de manera más contundente de la que todo el mundo creía, el COVID-19. De un día para otro se cerró el campus de Vitoria-Gasteiz, y ante esta situación inesperada, las huelguistas de allí decidieron volver a trabajar para volver a retomar la huelga con la reapertura de los centros educativos. La lucha seguía en Bizkaia y Gipuzkoa.

10 de marzo – martes

La jornada de huelga del día 10 era similar a la de otros días. A las 8:00 se cortaban los accesos al campus universitario de Leioa, a las 11:00 había manifestación hasta el rectorado y a la 13:30 las trabajadoras tenían asamblea con la intersindical.

La acción de las 8:00 transcurrió con normalidad. Sin embargo, para sorpresa de todos, a las 11:00 se concentraron más alumnas y trabajadoras de lo habitual. Entre los gritos de «¡A igual trabajo, igual salario!» y el entusiasmo del momento, se decidió espontáneamente ir facultad por facultad en manifestación, haciendo piquetes y parando las clases. A medida que más clases se paraban, más estudiantes se unían a la manifestación. Derecho, Relaciones Laborales, Medicina… Era el día que más gente se había movilizado, y las trabajadoras de la limpieza no podían contener su sensación de felicidad y emoción. Ahí estaba una vez más, la complicidad en las caras de la gente que lucha por una causa justa.

Tras un descanso para comer, todas las trabajadoras de la limpieza y las sindicalistas celebraron una asamblea para hacer un balance de las movilizaciones y fijar la hoja de ruta en los próximos días. Asistimos unas pocas estudiantes. La tensión y las diferencias de opinión estuvieron presentes desde el principio, sobre todo con lo relativo al COVID-19, puesto que, en caso de cerrar los centros educativos, las trabajadoras volverían a trabajar, pero sin desconvocar la huelga. En medio del debate, una sindicalista recibe un mensaje: esa misma tarde el Gobierno Vasco iba a decretar un 100% de servicios mínimos. Esto suponía que al día siguiente todas las trabajadoras de la limpieza tenían que incorporarse a trabajar si no querían recibir sanciones graves tales como el despido.

Tras un descanso, que se empleó para que las sindicalistas pudieran llamar al Departamento de Educación diciendo que solo se desconvocaría la huelga en caso de que se empezasen las negociaciones del convenio entre las tres partes implicadas (Administración Pública, empresas adjudicatarias y trabajadoras de la limpieza), todo el mundo volvió a la asamblea más inquieto que antes. No había otra opción. En cuanto el Gobierno Vasco dictara la orden de 100% de servicios mínimos, el derecho a la huelga desaparecería.

La doctrina del shock explica que en tiempos de crisis es cuando se aprovecha para implantar las medidas de austeridad más perjudiciales para la población. Sin embargo, es en los tiempos de crisis cuando el sistema se encuentra más debilitado y la clase obrera organizada puede hacer valer su fuerza. Sólo si esa organización fracasa podrán implantar las medidas de austeridad.

Con la excusa del Coronavirus, han dinamitado el derecho a huelga de las trabajadoras de la limpieza. El COVID-19 no es tanto el problema, sino la excusa. En ningún momento se ha planteado el riesgo que puede suponer para las trabajadoras de la limpieza el asistir al puesto de trabajo. Una vez más, la labor de cuidados de la sociedad recae sobre el colectivo feminizado, las trabajadoras de la limpieza, aunque se violen sus derechos legítimos. Sin embargo, la organización del conflicto es fuerte, y a pesar que la noticia nos cayera como un jarro de agua fría, el mensaje quedó claro: las trabajadoras van a seguir organizadas y conquistando sus derechos.

Durante la rueda de prensa que celebraron el 11 de marzo, las trabajadoras comunicaron que asumirán con responsabilidad el trabajo que tienen que realizar, denunciando la actitud del Gobierno Vasco respecto a la situación, que ha preferido optar por negarles su derecho a la huelga en vez de sentarse a negociar un convenio digno para una vida digna. Las movilizaciones no van a cesar, y ante nuevos métodos de represión, se buscarán nuevos métodos de lucha, pues es en los tiempos de crisis cuando la clase obrera puede escribir su futuro.

GORA GARBIKUNTZA BORROKAN!

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