Maria nació en Varsovia el 7 de noviembre de 1867. Aunque siempre tuvo facilidades para desarrollar sus conocimientos académicos tuvo que hacerlo en clandestinidad en Polonia, primero, y terminarlos tras su migración en París, después. En todo momento limitada económicamente ya que sus padres perdieron la mayor parte de sus propiedades tras la independencia de Polonia. Tras años de estudio en 1898 consigue aislar por primera vez el radio. Y se trata de un hecho clave: en primer lugar por el descubrimiento de un nuevo elemento químico, y en segundo lugar por el descubrimiento de una nueva propiedad (la radioactividad).

Los descubrimientos en ciencia, y en especial en la química, siempre han supuesto un éxtasis fuera de lo racional. El radio se empezó a usar con normalidad porque fascinaban sus propiedades y se aspiraba a que sirviera para todo (medicina, cosmética,…), eso sí en pequeñas cantidades pues se conocía de sobra que las quemaduras de la radiación eran lo suficientemente graves.

Pero no queríamos ceñir el artículo en la gran María Skłodowska, primera persona en ganador dos premios Nobel en dos disciplinas distintas (en Física y en Química). Este artículo está especialmente dedicado a otro grupo de mujeres: «las chicas del radio».

Durante la Primera Guerra Mundial miles de mujeres, relegadas entonces a los trabajos que ya no realizaban los hombres por estar combatiendo en el frente, pintaban las esferas de los relojes con radio para que así brillaran en la oscuridad. El mecanismo era sencillo: chupaban las puntas de los pinceles para perfilarlas, untaban en la sustancia y  decoraban la esfera. Y así sucesivamente. Lo que no sabían es que lo que estaban haciendo era dejar entrar grandes cantidades de un material radioactivo en la boca. Tampoco nadie se lo había dicho.

En torno a 1922 se empezaron a observar los primeros efectos en una fábrica de relojes de EEUU, una mujer de 24 años moría en extrañas circunstancias. «Se había roto a pedazos» decían sus compañeras. En ese momento, estas trabajadoras tuvieron que afrontar dos batallas: la primera frente a los efectos mortales del radio (cientos de mujeres murieron por ello) y la segunda frente a su empresa, que se negaba a asumir responsabilidades.

Casi dos décadas más tarde todos los informes médicos corroboraron la hipótesis de estas mujeres consiguiendo que se dieran pasos para que los empresarios comenzaran a ser los responsables de la salud de sus trabajadoras y trabajadores. Una victoria en muchos casos póstuma.

Por eso tal día como hoy tenemos que poner de relevancia su papel en la ciencia y en torno a los derechos de la mujer y de toda la clase trabajadora. Su lucha, hoy olvidada, es la que consiguió que los reconocimientos médicos permitan salvar algunas vidas en el trabajo.

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